sábado, 8 de marzo de 2014

Cumpleaños y regreso

Queridos lectores, antes de nada saludaros después de tanto tiempo de inactividad.

Hoy, 8 de marzo de 2014 estamos de celebración, ¡y es que nuestro blog cumple su primer año! Es cierto que llevamos muchos meses de inactividad, pero creednos cuando decimos que este proyecto no está, ni mucho menos muerto.

Es por eso que aprovechamos esta ocasión para anunciaros que desde este mes comenzaremos una labor de actualización del contenido con el fin de mejorar su calidad y poder alcanzar un público mayor.

De modo que muchísimas gracias por el apoyo prestado durante este año y preparaos para lo que está a punto de llegar...

Atentamente
El equipo de Bienvenidos a Baff City

lunes, 26 de agosto de 2013

Nº23 Ascensión

El submarino sube tomándose su tiempo, un segundo más en ese infierno acuático y me hubiera arrancado la piel. He tenido ocasión de poder entrevistarme con un médico de la prisión que tuvo la deferencia de explicarme el largo proceso de adaptación al que los presos se someten a partir de su llegada. Síntomas como desvaríos, hemorragias, pérdida de la noción del tiempo, pérdida del apetito y el sueño eran solo la cabecera de la larga lista que me dio el doctor. Al final la conclusión era que solo sobrevivían los que eran capaces de asumir que no estaban en ninguna parte. La situación era tal que se había pillado a varios presos traficando con vitamina C, de locos... Pero él... Él solo llevaba unos días y estaba sereno, estaba fuerte y no diría un gran disparate si dijese que no estaba lejos de ser feliz. Todavía no sé en qué punto terminaba la fuerza y en cuál empezaba la locura del señor Dubois.

Me quedo mirando a Blunt, sentado a mi lado, tan avispado como siempre, seguro que tiene mil cosas que decir, una auténtica cadena de ocurrencias que soltarme, pero está callado y no le culpo, hace menos de un año yo era un policía temido igualmente por compañeros y criminales. Ahora parezco el compañero novato de un sargento que era un crío cuando yo ya tenía su rango. Quizás sepa que a veces necesito mi tiempo de meditación para asimilarlo y hacer cábalas que puedan cambiar la situación. Nunca antes se había atrapado a dos pandillas prácticamente al completo y que "el forzudo" estuviera en una de ellas nos reporta tanto Joseph como a mi más prestigio. Sin embargo aún me siento como si no me hubieran sacado la bala de mi primer día en esta ciudad.

En cuanto a las pandillas fue fácil, si intentan funcionar como cofradías de criminales deberían aprender a ser selectivos en cuanto a los rumores que corren. Simplemente llegó el soplo a la comisaría y el resto fue solo tirar de galones y organizar el operativo.

De repente Blunt decide caer en la cuenta de que le estoy observando y me dedica una sonrisa en la que aún dejaba ver ciertos rasgos infantiles.

-¿No te habrás dejado nada, verdad?-

Pero mi cabeza vuelve a esa sala de interrogatorios. Carl Dubois había torturado a suficiente gente como para poder hundir a más de algún pez gordo, pero lo único que ha conseguido hoy es que me sienta frustrado con lo mucho que he estado ahí y lo poco que he sido capaz de sacarle. Los interrogatorios ha este nivel no son una práctica apta para estómagos sensibles, y menos una vez que las cámaras y las grabadoras se apagan.

Dos horas, dos horas de preguntas, puñetazos, cigarrillos en lugares poco vistosos y más preguntas. Pero él aguantó todo lo que le eché casi sin cambiar el gesto amable con el que me recibió. Lo aguantó todo.

Al final, justo antes de que me fuera se limitó a repetirme el apellido que ya conozco, "Thomsen", seguido de un "sigue al alcalde" que me frustró aún más.

Cuando salimos a la superficie el día continúa despejado, veo un gran pájaro negro volando por encima de nuestras cabezas, si quiero sacarme la bala de una vez por todas tengo que continuar la ascensión, así que tendremos que seguir al alcalde.

jueves, 15 de agosto de 2013

Nº22 La historia se repite

Dejad que os cuente una historia, tal vez así logréis comprender como desde las grandes familias que gobiernan esta ciudad hasta el mas insignificante matón con pretensiones de gangster juegan al mismo juego.

Aunque tal vez en distintas ligas.

Erase una vez, en la antigua Roma, las bandas callejeras controlaban con no pocas dosis de violencia y extorsión gran parte de la capital. Estas organizaciones estaban formadas por la escoria de la ciudad. Ladrones, prostitutas y chantajistas, todos ellos gente que sin escrúpulos ni educación, apenas se distinguían de los animales. Pero no penséis que actuaban al margen de toda ley, nada mas lejos de la realidad. Todas y cada una de estas bandas organizadas actuaban en representación de las distintas familias gobernantes que veían en ellos un instrumento sumamente útil para imponer sus criterios, conseguían con sangre lo que no podían conseguir con labia. Por supuesto no lo hacían de forma oficial, ninguna reputación, ni siquiera la del gran emperador se puede permitir una acusación de extorsión y agresión a la libre y serenísima república de Roma. Esa era precisamente la razón por la que utilizaban esos medios.
 
Una de las mas oscuras historias cuenta que dos políticos rivales tenían una gran representación en las calles de Roma, pues los dos lideraban su propia banda con total impunidad. Tal fue la rivalidad que alcanzaron estos dos contendientes que cierto día, las dos facciones al mando de sus respectivos lideres se encontraron de forma fortuita en las calles de la Metrópolis.

Se desencadenó una brutal masacre en la que no faltaron puñales, varas de hierro y toda clase de armas caseras. Dicha batalla se saldó con la muerte de uno de los lideres y con el exilio del otro. La cuidad entera entro en el caos por la lucha interna de las dos bandas que sacudió los cimientos del mismo imperio.

Esta es la historia de como el poder oficial y el de la calle han sido manejados por las mismas manos durante siglos, e incluso en el pujante siglo XXI la condición humana no ha cambiado ni un ápice pese a las apariencias de civilización.

Mi nombre es Alarik Thomsen, heredero de una de las mayores fortunas del mundo y me dispongo a repetir la historia, pero sin los errores del pasado. Eliminaré a mi padre y después haré lo mismo con todas y cada una de las familias de esta ciudad. Un nuevo orden se alzará con la promesa de pasados siglos de poder y control.

Mientras hablo mi poder aumenta por toda la ciudad. los Milites, mi instrumento de poder en las calles, se extiende como la pólvora desde los oscuros callejones hasta las mismas oficinas centrales de la familia, el golpe final es inminente.

viernes, 9 de agosto de 2013

Nº21 Papá, ¿a dónde van los malos?

Recuerdo cuando era un crío y jugaba con mis amigos a policías y ladrones por el barrio. Recuerdo que yo siempre insistía en ser el policía y recuerdo también las ganas que tenía de ser mayor para poder arrestar a los malvados e impartir justicia por el mundo, y todo esto a raíz de la pregunta que le hice a mi padre un día que me llevó al cine:

-Papá, ¿a dónde van los malos?

No se qué tipo de curiosidad latiría en mi interior para hacerle esa pregunta, tal vez proviniese de la película que acabábamos de ver, un film de acción en el que el villano terminaba en un coche patrulla. Mi padre era un hombre de grandes palabras, incluso para dar lecciones a un niño pequeño. Se preparó la voz con una tos velada y arrancó:

-Verás hijo, hay lugares donde se reunen todos los malos de un lugar determinado y son vigilados hasta que cumplen su castigo. Hay muchos lugares como ese alrededor del mundo.

-¿Y cómo se llaman esos sitios?

-Cárceles, si eres bueno nunca tendrás que ir a una.

En ese instante decidí dedicar mi vida a llevar a los asesinos, los corruptos y en definitiva, cualquier malvado a su redil. Pero no se si he debido ser muy bueno porque ahora estoy de camino a una prisión, aunque por fortuna solo voy de visita.

-A tu edad habrás visto unas cuantas cárceles, ¿verdad Byrne?- con el paso de los días me he ido acomodando a la irrespetuosa actitud de Blunt, incluso he llegado a encontrarle carismático a su extraña manera.

-He visto unas cuantas si- la verdad es que nunca he sido un especialista en cárceles, siempre he sido más de limpiar la calle e investigar papeleo. Tal vez me dejo ver en algún que otro interrogatorio, pero este tipo de trato no es mi rol- aunque creo que tú no has visto tantas como yo.

-¿Qué más da el número de cárceles que haya visto si tú nunca has visto una como esta?- Joe me regala una de sus sonrisitas pícaras mientras aminora la velocidad del coche hasta detenerlo en el embarcadero de la isla central- ¿Alguna vez has ido a una cárcel en submarino?

El centro penitenciario de Baff City, una maravilla de la ingeniería moderna, construida bajo el mar, entre la colosal infraestructura que soporta el peso de las islas artificiales de la ciudad; es un durísimo centro para cualquiera que tiene la mala suerte de ir allí. La aclimatación a las condiciones submarinas puede llegar a ser un infierno y no son pocos los presos que han caído entre sus paredes, ahorrando al Estado unas cuantas penas de muerte. La disposición de la cárcel agrupa a los criminales con delitos menores o de peligrosidad reducida en los niveles más cercanos a la superficie, mientras que los más peligrosos se pudren lo más hondo posible. Como los pabellones están incomunicados los unos de los otros y para moverse entre ellos hacen falta vehículos auxiliares, un motín a gran escala es inviable, por no hablar de las bajas probabilidades que tiene lo que baja allí encadenado de volver a subir, más que una cárcel parece una exposición de darwinismo.

Hace unas noches pillamos a dos pandillas de matones de barrio, bandas formadas por vecinos para defender sus modos de vida, por muy indefendibles que puedan llegar a ser. El caso es que algunos de ellos tenían antecedentes y de los extraños, porque habían estado involucrados en asuntos de envergadura muchísimo mayor y encontrar eso en estos "pandilleros de guante blanco" es como encontrar una aguja en un pajar. Ni que decir tiene que unos renegados del crimen organizado no tenían mucho que hacer una vez cazados y no han tardado más de unos días en empapelarlos.

En concreto venimos visitar a uno que obligó a hacer varios disparos, Carl Dubois, más conocido como "el forzudo", un sicario francés de cuerpo ancho que era conocido por sus interrogatorios, en los que desmembraba a sus víctimas solo con su fuerza. Estuvo unos meses trabajando con la mafia, y Joe cree que puede estar vinculado a los irlandeses, pero los abandonó para dedicarse a la construcción, lo cual hace pensar que las familias están mandando infiltrados para atraer a las pandillas a sus respectivos bandos, no es lo único que he venido a averiguar.

Cada pabellón tiene su propia sala para los interrogatorios, y el señor Dubois se encuentra en el pabellón de máxima seguridad, así que tenemos que descender a las profundidades. Una vez allí, comienzo a notar la presión y el ambiente de aislamiento reinante. No me imagino más de unas horas aquí, así que pienso acabar con esto cuanto antes.

El prisionero nos está esperando, me sorprende las pintas que lleva, una camiseta de tirantes con el mono vuelto para ir enseñando músculo y tatuajes. Aún lleva la venda de las heridas que le hicieron la otra noche. Ya que estamos donde estamos prefiero no hacer caso al protocolo y empezar ya. Entro en la sala solo, es una estancia pequeña y pulcra de paredes metálicas con una mesa en mitad y un par de sillas, el prisionero está apoyado sobre los codos, su gesto es despreocupado, como si estuviera pensando en otra cosa. No parece rebasar el metro noventa, pero el volumen de sus músculos es apabullante. Tiene una cara muy marcada, con mandíbulas anchas, y nariz ganchuda coronada por dos cálidos ojos marrones y un pelo castaño cobrizo que tiene pinta de haber sido rapado.

-Bounjour, monseiur Dubois. ¿Qué tal se encuentra?

-Très bien agente, tengo cama y tres comidas fijas al día, estoy mejor que antes, ¡incluso me han curado la herida! ¿Qué más se puede pedir?-su tono es agradable e incluso amistoso, está claro que este no es el típico matón musculoso, me temo hay un cerebro en esa cabeza, decido ser directo. Apago la grabadora.

-¿Qué ocurre? ¿No le proporcionaban eso en el pisito de soltero de los Thomsen?

jueves, 1 de agosto de 2013

Nº20 Revelaciones

No son imágenes bonitas, pero necesito sacar toda la información que pueda acerca de ese tipo. Reproduzco el archivo una y otra vez esperando ver esos detalles invisibles a primera vista, se puede averiguar mucho de un hombre por como anda, por sus gestos o por la expresión de su cara. Acabo memorizando el timbre monótono de su voz, su rostro inexpresivo, sus movimientos lentos pero firmes. Quizá penséis que lo más aterrador es como le mata casi sin inmutarse o como le deja tendido en el suelo como si no fuera mas que un bolsa de basura, pero os equivocaríais, lo mas aterrador es la fría determinación en sus ojos desde el principio, se podría decir que sabia lo que iba a pasar de antemano.

Afueras de isla Thomsen, alrededor del mediodía.

Mientras me dirijo a isla Oliveira analizo la situación notando la tranquilizadora presión de las dos pistolas que llevo ocultas tras la gabardina. Con todo este asunto de la inestabilidad de las islas estaré en un aprieto si no termino rápido con ese tipo que intenta matarme. No puedo trabajar en los asuntos delicados de la Serpiente si anda detrás de mi un malnacido sediento de sangre, de cualquier modo mi situación no es apurada todavía. Mi plan de atraerlo hacia mi no funcionará tan deprisa como me gustaría así que tengo que adelantarme a sus movimientos y para eso necesitaré mas información, nada que una llamada al departamento de policía no pueda arreglar.

Dejo el coche en un parking cercano a la Avenida Principal, por el día, centro de transito con numerosos negocios y actividad comercial, por la noche, el mayor prostíbulo al aire libre de las siete islas.

Mientras recorro la avenida una cabina telefónica suena cerca mía, como de costumbre.

-Callejón de la Principal con Barón de Rio Branco- me dice mi interlocutor y cuelga al instante, noto una ligera presión, como cuando alguien te mira fijamente, no le doy importancia.

Cuando llego al lugar indicado encuentro a un mendigo intentando entrar en calor con una hoguera improvisada, cuando el me ve extiende algo hacia mi, lo cojo y me voy rápidamente porque la sensación de incomodidad va a mas.

Llego al coche y ojeo brevemente el archivo. Americano con apellido griego Frank Gianakopoulos, eso si que es una sorpresa. Detenido varias veces por agresión con arma blanca pero nada grave, conducción bajo los efectos del alcohol, todas las acusaciones y multas anuladas, este tipo debe de tener algún amigo en el departamento o un abogado de dos mil pavos la hora. Sigo leyendo y de repente doy con el motivo de esa vendetta personal: una mujer.

jueves, 18 de julio de 2013

Nº 19 Hoy por ti... (2º parte)

-Explícate- le digo sin rodeos.

-Has debido de enfadar mucho a alguien. Fue hace dos días como te he dicho, un tipo se presentó aquí con una pistola en la mano y muy poca paciencia, preguntando sobre un encargo, una modificación de un 44. ¿Te suena de algo?

-Mi encargo- Digo en voz baja, casi para mi mismo-¿Por qué me cuentas esto?

-Porque nadie jode a la serpiente, vas a cargarte a esa rata que anda husmeando por ahí y porque ahora trabajas para mi, van a pasar cosas en esta ciudad y tu me serás de gran utilidad- Si he llegado hasta aquí es precisamente por no comprometerme con ninguna facción, pero si rechazo esto soy un cadáver andante, así que no tengo otra alternativa.

-Me tomaré tu silencio como una aceptación, mis hombres te darán una dirección, es tu nuevo apartamento, dejarás de recibir encargos de las familias y desaparecerás del radar durante un tiempo, me reuniré contigo en breve.

Piso franco de la serpiente en isla Thomsen, una semana después alrededor de la medianoche.

Me encuentro con mi nuevo jefe por primera vez desde aquel día en el local. Entra en el piso algo agitado.

-El equilibrio de poder en las islas se ha roto- me dice nervioso, no se si es bueno o malo para el- el hijo insurrecto de Patrick Thomsen ha segado a la cúpula de directivos de su familia y tiene el control practico de las afueras, los chinos han empezado a presionar en la propia isla Thomsen, la bolsa parece una puta montaña rusa y las demás familias se vigilan unas a otras preparándose para lo peor.

-Creía que las siete familias eran empresas y no mafias ¿Habrá guerra entonces?

-Todavía es pronto para saberlo pero lo que esta claro es que se avecinan cambios y que estas familias tienen dos caras, la que ensañan durante el día y la que muestran al caer la noche- La serpiente me da instrucciones de estar atento a la calle y de estar alerta y preparado por lo que pueda pasar aunque no se muy bien como si no tengo ni la mas remota idea de que es. Hace ademán de irse del apartamento pero antes me dice- Por cierto tengo algo para ti- alargando la mano para entregarme uno de esos dispositivos de vídeo holográficos, cuando abro el archivo que contiene veo la grabación de la cámara de seguridad del taller clandestino.

Al parecer el tipo al que busco vino al local y amenazó a punta de pistola al pobre idiota del taller, sin embargo le aplastó la cabeza con sus propias manos cuando se resistió, después de confesar terminó de romperle la cabeza y lo dejó tendido en el suelo como si fuera un saco de arena. La grabación de la cámara oculta es esclarecedora y aunque todavía no se quien coño es, se que se mueve por venganza ciega, además se como es y no me hará falta buscarle, solo dirigirle a donde yo quiera y el vendrá a mi...

viernes, 12 de julio de 2013

Nº18 Pandilleros de guante blanco

En alguna obra de Baff City, hora desconocida.

El ambiente comienza a cargarse, se escuchan gritos y conatos de órdenes entremezclados con el pavoneo de los miembros de los dos pequeños ejércitos que han elegido una obra, cuyo avance se encuentra estancado, para disputarse su batalla particular.

Los hay de todas las nacionalidades, no luchan por nada en concreto, es instinto de supervivencia, no son soldados, tampoco animales, solo hombres y mujeres sin nada que perder. Su armamento es rudimentario, herramientas que han conseguido sacar de sus fábricas, talleres y obras: martillos, palancas, palas, puntales e incluso algún que otro cuchillo.

En la ciudad la gente que no forma parte de la mafia o los verdaderos criminales ha aprendido a desenvolverse por bandas, organizaciones casi familiares temerosas del verdadero gobierno de sus respectivas islas: las familias. Cuando hay amenaza por parte de otros hacia sus puestos de trabajo o hacia el escueto bienestar que son capaces de rascar, las bandas se organizan y de una forma más o menos directa, protegen lo que es suyo, el barullo y la frecuencia es tal que hay demasiados rastros para seguir y las investigaciones se colapsan: pandilleros de guante blanco los llaman algunos. Los que sobreviven al juego de las calles y tienen ambición suficiente, prueban suerte en ligas mayores.

En esta ocasión, un grupo de desplazados se ha topado con unos anfitriones que no están dispuestos a dar ni un trozo de lo que consideran es "su" territorio. El semiconstruido edificio está rebosante de andamios, forjados y lugares donde encontrar más de una sorpresa.

Los dos bandos se detienen uno frente al otro. Las respiraciones se entrecortan, las miradas de odio se cruzan con otras de miedo o de ansiedad. El impasse parece desembocar en un momento de negociación entre las bandas, pero en lugar de eso un grito se alza sobre el silencio y desde ambos lados se carga, rompiendo la calma reinante e iniciando la obertura de los golpes.

El choque es caótico, más que una pelea, la escena parece como si dos animales salvajes se peleasen por un filete. Nadie en los dos bandos ha sido educado en la violencia, apenas son capaces de manejar sus rudimentarias armas para descargar un golpe efectivo. En medio de la turba comienzan a brotar las primeras gotas de sangre, seguidas del crujir de los primeros huesos rotos, quebrados eso si por golpes perdidos en medio del gentío.

La pelea comienza a prolongar, los más débiles han empezado a caer al suelo e intentan escabullirse para no ser aplastados. Conforme más minutos transcurren, más pesa el cansancio y más combatientes caen. Al final el tiempo mata la pelea, y los bandos comienzan a retirarse, sin un ganador claro, no será la última vez que se vean.

Conforme se disipan los ecos de la batalla llegan los gritos de las sirenas de policía, más raudos que de costumbre. Todos se afanan en abandonar el lugar, todo se mezcla, el edificio ofrece múltiples salidas, pero alguien les ha tendido una trampa, alguien ha llamado antes a la policía, o tal vez se había filtrado la noticia de la pelea. Los rezagados se mueven cargando con sus heridos, pero es imposible que alguien no quede atrás ya que el miedo a no sobrevivir a las vicisitudes de las calles de Baff City solo es comparable al de ingresar en las celdas de su prisión.

La policía no desaprovecha su ventaja. Apenas llegan unos cuantos a escapar antes de que el cerco se complete. Los que no lo consiguen adoptan aptitudes dispares, algunos deciden luchar y reciben el castigo de las balas, otros simplemente se rinden y suplican, pero la hora de la piedad ya pasó.

Los arrestos se suceden y comienzan a desfilar los pandilleros, la derrota es total y no ha distinguido de bando. En la oscuridad, entre tanto policía uniformado se distinguen dos hombres de paisano, uno más alto y mayor, de rostro desgastado por una vida de duras aventuras policías y de un pelo rojizo que ha comenzado a tornarse blanco. El otro, de altura escasa pero forma inigualable y semblante más enérgico, viste más desarreglado que su compañero y se permite mostrar su sonrisa que, en medio de la oscuridad de la calle, es como si alguien hubiera encendido una luz en mitad de una cueva.
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