Diario de personal de Adele Black,
secretaria del alcalde Patrick Thomsen. 17 de marzo de 2022.
Si
alguien escribe alguna vez mi biografía, creo que estas líneas
serán una introducción perfecta... Pero antes de nada
contextualicemos:
La
humanidad ha estado haciendo apuestas sobre la fecha concreta de su
propio fin desde que salió del barro para erguirse, luchando día
tras día por evolucionar. Han pasado casi diez años desde la última
de estas apuestas y no solo hemos sido incapaces de averiguar cuando
llegará nuestro fin sino que además nos tiembla el pulso a la hora
de aventurarnos en lo que será el futuro.
La
crisis crisis económica iniciada en 2008 alcanzó su mayor
desarrollo en los años 2013 y 2014, para entonces se había creado una
gigantesca burbuja donde los que tenían el poder y la
responsabilidad de sacar adelante a la especie decidieron sacar
beneficios de sus desgracias. Por aquel entonces, la situación
económica, social y medioambiental no permitían la existencia de
esta burbuja a largo plazo: millones de personas descontentas,
desempleadas o arruinadas llenaban día tras día las calles,
haciendo temblar más y más a los que sí que tenían algo que
perder. A finales de 2014, el diminuto gasto público de los
diferentes gobiernos, dificultaba la supervivencia de la clase media,
retrasó avances que se demostraron demasiado caros para una
población que tenía que centrar sus esfuerzos en conseguir empleo y
comida. El capitalismo se hallaba al borde del precipicio, la
revolución era inminente...
Pero
entonces los gobiernos encontraron un aliado: las grandes
corporaciones. Bajaron los impuestos sobre estas hasta límites
insospechados, se concedieron libertades y reformas que les
permitieron ofrecer todos los puestos de trabajo mal pagados que uno
pudiera imaginar. Las corporaciones se enriquecían, los gobiernos se
prostituían, en cuanto a la gente de a pie: sufrieron la
manipulación de los medios de comunicación y terminaron por creerse
que el trabajo que tenían, por muy mal pagado que estuviese, era
suficiente bendición.
En
tan sólo dos años, las grandes empresas estaban a punto de hacerse,
literalmente, con la propiedad de los países: la policía y el
ejército fueron progresivamente eclipsados por cuerpos de defensa
privados, las empresas públicas, hospitales y bomberos pasaron a ser
manos de las empresas... El mundo se encontraba de nuevo envuelto en
una gran burbuja que al igual que todas las demás, terminó
explotando.
Cinco
meses bastaron, cinco sangrientos meses para que se dieran cuenta de
que las personas eran manipulables hasta cierto punto, y el negocio
del país-empresa salía poco rentable. Las corporaciones recularon,
y de nuevo financiados con el esfuerzo y el sacrificio de una más
que empobrecida población los gobiernos y sus instituciones
volvieron a ser de dominio público. Mientras tanto, a muchos
responsables de la privatización del Estado se les exigieron
responsabilidades.
Los
supervivientes de la caza de empresarios se unieron en una gran
empresa internacional: la Baff Corporation, esta empresa
reunía los mayores planes y patentes de desarrollo tecnológico del
mundo y poseía un capital de valor incalculable. Sin embargo reunía
un gran excedente de todos los planes de privatización de los
gobiernos, y lo aprovecharon realmente bien.
A
mediados de 2017 Baff Corporation pacta con el
gobierno estadounidense para la construcción de una megalópolis a
ciento cincuenta kilómetros de su costa Este, esta ciudad quedaría
suscrita a un régimen especial por el que poseería administración
propia, quedando unida al país norteamericano únicamente por
impuestos que le debería a su gobierno. La policía y el ejército a
pesar de ser privados podrían recibir traslados y reclutas de los
demás cuerpos de Estados Unidos. Nacería así una ciudad
prácticamente independiente respaldada por un país de gran poder y
unida a esta por ferris y grandes vías de tren y autopistas que
pasarían tanto por encima como por debajo del océano. El proyecto,
financiado entre Baff Corporation y el gobierno estadounidense, era
posible debido al gran capital y disponibilidad tecnológica de la
primera y el aporte humano del segundo, que facilitó la inmigración
de millones de desempleados, a los que se añadirían otros de todos
los lugares del mundo.
Así,
el proyecto se aceleró, y en 2020 Baff City ya daba
la saludaba orgullosa al mundo: los quince millones de personas que
habían contribuido al proyecto de uno u otro modo se convirtieron en
los ciudadanos de la ciudad, compuesta por seis grandes islas
artificiales dispuestas entorno a una isla central que actuaba como
centro administrativo y financiero y unidas entre si por un avanzado
sistema de comunicaciones.
Como
dirigentes de la ciudad surgieron diversas familias con peso en la
organización, entre ellos los Thomsen, que un año después se
convirtieron en los dirigentes de la ciudad con la victoria de su
líder, Patrick en las primeras elecciones de la historia de la
ciudad. Ellos son mi empleadores. A pesar del gran poder de los
Thomsen como dirigentes de la ciudad las demás familias se han
asentado en las diferentes zonas de la ciudad y su poderosa
influencia hace que a pesar de que el ayuntamiento funcione como
órgano rector, las demás familias mantienen gran poder en sus
respectivas áreas.
Sin
embargo el sueño de Baff City tiene una doble cara: de día es una
gran ciudad corporativa que genera grandes beneficios económicos que
le han permitido sobrevivir, pero de noche sus calles registran una
gran tasa de criminalidad, y en la corta vida de esta ciudad ya ha
alcanzado cotas altísimas, esto se debe a la rápida superpoblación
de la ciudad, agudizada por la inmigración, y el carácter
estrictamente corporativo de esta, que ha creado segregación y la
atracción de todo tipo de criminales a la ciudad.
Esta
es mi ciudad, la llaman Baff City, gente de todo el mundo ronda por
aquí. En cuanto a mi, me llamo Adele y acabo de licenciarme en
derecho por Yale, mi padre es un médico de fama internacional, lo
que por otra parte me ha abierto muchas puertas, entre ellas el
trabajo en el que empiezo como secretaría del alcalde.
Todo
esto y solo han pasado diez años...

No hay comentarios:
Publicar un comentario