sábado, 9 de marzo de 2013

Nº3 Recapitulando...

Diario de personal de Adele Black, secretaria del alcalde Patrick Thomsen. 17 de marzo de 2022.

Si alguien escribe alguna vez mi biografía, creo que estas líneas serán una introducción perfecta... Pero antes de nada contextualicemos:

La humanidad ha estado haciendo apuestas sobre la fecha concreta de su propio fin desde que salió del barro para erguirse, luchando día tras día por evolucionar. Han pasado casi diez años desde la última de estas apuestas y no solo hemos sido incapaces de averiguar cuando llegará nuestro fin sino que además nos tiembla el pulso a la hora de aventurarnos en lo que será el futuro.

La crisis crisis económica iniciada en 2008 alcanzó su mayor desarrollo en los años 2013 y 2014, para entonces se había creado una gigantesca burbuja donde los que tenían el poder y la responsabilidad de sacar adelante a la especie decidieron sacar beneficios de sus desgracias. Por aquel entonces, la situación económica, social y medioambiental no permitían la existencia de esta burbuja a largo plazo: millones de personas descontentas, desempleadas o arruinadas llenaban día tras día las calles, haciendo temblar más y más a los que sí que tenían algo que perder. A finales de 2014, el diminuto gasto público de los diferentes gobiernos, dificultaba la supervivencia de la clase media, retrasó avances que se demostraron demasiado caros para una población que tenía que centrar sus esfuerzos en conseguir empleo y comida. El capitalismo se hallaba al borde del precipicio, la revolución era inminente...

Pero entonces los gobiernos encontraron un aliado: las grandes corporaciones. Bajaron los impuestos sobre estas hasta límites insospechados, se concedieron libertades y reformas que les permitieron ofrecer todos los puestos de trabajo mal pagados que uno pudiera imaginar. Las corporaciones se enriquecían, los gobiernos se prostituían, en cuanto a la gente de a pie: sufrieron la manipulación de los medios de comunicación y terminaron por creerse que el trabajo que tenían, por muy mal pagado que estuviese, era suficiente bendición.

En tan sólo dos años, las grandes empresas estaban a punto de hacerse, literalmente, con la propiedad de los países: la policía y el ejército fueron progresivamente eclipsados por cuerpos de defensa privados, las empresas públicas, hospitales y bomberos pasaron a ser manos de las empresas... El mundo se encontraba de nuevo envuelto en una gran burbuja que al igual que todas las demás, terminó explotando.

Cinco meses bastaron, cinco sangrientos meses para que se dieran cuenta de que las personas eran manipulables hasta cierto punto, y el negocio del país-empresa salía poco rentable. Las corporaciones recularon, y de nuevo financiados con el esfuerzo y el sacrificio de una más que empobrecida población los gobiernos y sus instituciones volvieron a ser de dominio público. Mientras tanto, a muchos responsables de la privatización del Estado se les exigieron responsabilidades.

Los supervivientes de la caza de empresarios se unieron en una gran empresa internacional: la Baff Corporation, esta empresa reunía los mayores planes y patentes de desarrollo tecnológico del mundo y poseía un capital de valor incalculable. Sin embargo reunía un gran excedente de todos los planes de privatización de los gobiernos, y lo aprovecharon realmente bien.

A mediados de 2017 Baff Corporation pacta con el gobierno estadounidense para la construcción de una megalópolis a ciento cincuenta kilómetros de su costa Este, esta ciudad quedaría suscrita a un régimen especial por el que poseería administración propia, quedando unida al país norteamericano únicamente por impuestos que le debería a su gobierno. La policía y el ejército a pesar de ser privados podrían recibir traslados y reclutas de los demás cuerpos de Estados Unidos. Nacería así una ciudad prácticamente independiente respaldada por un país de gran poder y unida a esta por ferris y grandes vías de tren y autopistas que pasarían tanto por encima como por debajo del océano. El proyecto, financiado entre Baff Corporation y el gobierno estadounidense, era posible debido al gran capital y disponibilidad tecnológica de la primera y el aporte humano del segundo, que facilitó la inmigración de millones de desempleados, a los que se añadirían otros de todos los lugares del mundo.

Así, el proyecto se aceleró, y en 2020 Baff City ya daba la saludaba orgullosa al mundo: los quince millones de personas que habían contribuido al proyecto de uno u otro modo se convirtieron en los ciudadanos de la ciudad, compuesta por seis grandes islas artificiales dispuestas entorno a una isla central que actuaba como centro administrativo y financiero y unidas entre si por un avanzado sistema de comunicaciones.

Como dirigentes de la ciudad surgieron diversas familias con peso en la organización, entre ellos los Thomsen, que un año después se convirtieron en los dirigentes de la ciudad con la victoria de su líder, Patrick en las primeras elecciones de la historia de la ciudad. Ellos son mi empleadores. A pesar del gran poder de los Thomsen como dirigentes de la ciudad las demás familias se han asentado en las diferentes zonas de la ciudad y su poderosa influencia hace que a pesar de que el ayuntamiento funcione como órgano rector, las demás familias mantienen gran poder en sus respectivas áreas.

Sin embargo el sueño de Baff City tiene una doble cara: de día es una gran ciudad corporativa que genera grandes beneficios económicos que le han permitido sobrevivir, pero de noche sus calles registran una gran tasa de criminalidad, y en la corta vida de esta ciudad ya ha alcanzado cotas altísimas, esto se debe a la rápida superpoblación de la ciudad, agudizada por la inmigración, y el carácter estrictamente corporativo de esta, que ha creado segregación y la atracción de todo tipo de criminales a la ciudad.

Esta es mi ciudad, la llaman Baff City, gente de todo el mundo ronda por aquí. En cuanto a mi, me llamo Adele y acabo de licenciarme en derecho por Yale, mi padre es un médico de fama internacional, lo que por otra parte me ha abierto muchas puertas, entre ellas el trabajo en el que empiezo como secretaría del alcalde.

Todo esto y solo han pasado diez años...

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Baff City by David Fernández Gabarre and Nicolás de Troya Hernando is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
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