lunes, 8 de abril de 2013

Nº7 El principio de una desgraciada amistad

16:30 pm. Salida del People's Hospital, Isla Thomsen

Por fin fuera. A mi espalda esa monstruosidad de edificación a la que llaman hospital, y en frente de mi el sargento Blunt espera recostado sobre uno de esos coches de "última tecnología" que la Corporación está quitándose de las manos a lo largo de todo el planeta. Ha pasado una semana desde que desperté y hablamos por primera vez, y, quitando esa visita del alcalde con ínfulas de publicitarse como si fuera una aspiradora, ha sido mi único contacto con el mundo, y la verdad es como aquel que caminando por la calle se encuentra un diamante: ni esperaba encontrárselo ni cree que pueda volver a pasar; parece ser que el menudo sargento estará bajo mis órdenes en cuanto recoja mi placa y durante esta semana he podido conocerle bastante bien: nació hace veintiséis años, en un barrio deprimido de Detroit, hijo de un operario de una fábrica de la General Motors, tuvo que aprender a buscarse la vida cuando el gigante de Detroit quebró al principio de la crisis de la primera década, así que su formación, a grandes rasgos se resume en dos palabras: ensayo y error. Se vino a Baff City buscando una oportunidad y la encontró en la policía, despuntando y ganándose merecidamente-al contrario de lo que pueda parecer- su puesto como sargento, puede que no lleve mucho tiempo con la placa, pero si hay algo de lo que ha aprendido es de la calle. Casi parece una historia típica de película de gángsters.

Durante esta semana Blunt se ha callado muchas cosas, solo me ha hablado de él, la comisaría, el hospital... y ni siquiera de eso me lo ha dicho todo, así que hoy es día de preguntas.

-Buenas tardes Joseph.

-Señor, suba por favor-mi descuidado físico después de una semana en cama hace que Blunt parezca aún más joven y vigoroso, apenas supera la altura mínima para la policía, pero lo compensa con músculo y agilidad; no soy experto en belleza masculina pero el bueno de Joe no tiene pinta de ser de los que sufren ligando.

El coche está absolutamente recogido.

-En principio no nos vamos a meter en líos, mi teniente, pero si lo desea tiene una pistola en la caja justo debajo de su asiento- me agacho y palpo perplejo el envase- está descargada, eso si, así que tendrá que ser rápido metiendo el cargador.

-¿Tan mal conductor eres Blunt? Y yo que creía que íbamos a pasear tranquilamente...

-No iba precisamente por mis habilidades al volante, teniendo en cuenta que con tres minutos en las calles de Baff City ha batido su record personal de tiempo sin recibir disparos me ha parecido conveniente decírselo, por lo menos esta vez podrá defenderse.

-Bonito detalle- lo más gracioso es que el capullo tiene toda la razón a pesar de su falta de respeto; mientras arranca me acomodo en el asiento- pero procura no ser tan explícito en tus gracias cuando esté de servicio, sargento.

-Si, mi teniente. Bueno no estamos aquí para gastarnos bromas, esto es Isla Thomsen, el área central de Baff City, aquí tiene el ayuntamiento, la gran sede de la corporación, el hospital, la comisaría, la estación, bancos...

-¿Por qué ese nombre? Isla Thomsen..

-Esa pregunta señor, es más profunda de lo que pueda parecer. Baff City se organiza en siete islas dispuestas con dos líneas paralelas de tres islas y una isla entre esas dos líneas y que realiza la función de centro financiero y político. Cuando los Thomsen se hicieron con el control de la ciudad y por ende de la Corporación las múltiples familias que aportaban el capital a la empresa decidieron establecerse lejos del área gubernamental para poder imponer su propia ley y contar con una base desde la que socavar el poder del que hoy por hoy es nuestro jefe: el alcalde, Patrick Thomsen. De todas estas familias la más poderosa de cada isla se impusieron en mayor o menor medida a las demás, y recibiendo entre los ciudadanos, la denominación de la familia que "gobierna".

>>Estas familias son las principales facciones políticas y son siete: los Amir, los Petrov, los Minamoto, los Oliveira, los Fei, los Johnson y nuestros amigos, los Thomsen. Por supuesto, el dominio de cada familia se ha producido de manera rápida, lo que implica, sangre, sobornos y mucha, mucha criminalidad, y, ¿quién tiene que barrer el estropicio? Aquí es donde entra la gente como tú y yo, siempre honorable y combativo servicio de policía de Baff City.

>>Ya llevo hablando un poco así que sintetizaré, a nosotros nos toca la parte difícil y de menor reconocimiento: ser buenos policías. Nos están superando y tenemos que vencer a siete familias que practicamente se están convirtiendo en señores feudales. Ahora mismo no tenemos poder para conseguir nada, así que ponemos la caña sobre un río desbordado esperando a que pique un pez gordo.

-Y me imagino que de polis corruptos vamos servidos.

-Su estancia en el hospital es prueba de ello, la orden del disparo ha pasado por muchos eslabones de la cadena de mando, y le aseguro que aquí vamos a tener que mancharnos las manos o irnos a casa en un ataúd. No hay otra, no hay leyes, no hay condecoraciones. Las familias usan la política como fachada para ocultar que se están batiendo por tener un poco más, y entre medias los que se apartan voluntariamente de la política viven entre una raya de cocaína y un carrusel de fiestas con sus amigos ricos lamiéndose el culo los unos a los otros.

No sé de qué me sorprendo, el chico es joven, pero si sobrevives a las calles, no puedes ser tonto.

-¿Y el pueblo? ¿La prensa? ¿El gobierno federal? Me cuesta creer que no tengan nada que decir- mientras hablamos, el silencioso coche avanza por las transitadas calles, por lo que parece Isla Thomsen es un oasis de tranquilidad en la ciudad, la mayor influencia del ayuntamiento se nota, por lo menos tenemos una baza a nuestro favor. Pasamos por la estación y recorremos la periferia de la Isla para volver a meternos en el centro, la arquitectura alterna rascacielos con grandes edificios que tratan imitar panteones griegos y romanos añadiendo ese toque de tecnología que en esta Isla no parece faltar. Ante mis ojos veo pasar el ayuntamiento, los juzgados...

-No es ningún secreto que hay grupos dispuestos a acabar con esta dictadura de los mercados, pero aún no ha pasado suficiente tiempo para que se fortalezcan, y además la organización que nos falta a los cuerpos de seguridad para combatir la corrupción y el crimen, nos sobra para aplastar manifestantes... Por otra parte la prensa no tiene actuaciones muy diferentes a la de su "visita" del otro día y el que quiera variar tiene que asumir el riesgo de llevarse un balazo. En cuanto al gobierno federal, bueno, he escuchado a algún que otro payaso de Isla Johnson parlotear acerca de un comando de la CIA pululando por ahí, pero veo difícil que quieran saber nada de nosotros.

-Desde luego hablas como todo un chico de los barrios bajos de Detroit- el chico sonríe, desde luego Joseph Blunt es algo más que eso, lo peor es que lo sabe.

-¿Quiere que le cuente por qué no le he hablado de todo esto en el hospital?

-Soy todo oídos.

-La corporación se ha esforzado mucho en controlar a todo aquel que pueda darle problemas, instalan chips de grabación o seguimiento en cada casa o coche de polis o tontos que se dejan seguir.

-¿Y cómo sabe un simple sargento eso?

Blunt detiene el coche, se mete la mano en el bolsillo y la saca totalmente cerrada, cuando la abre veo el chip.

-Porque cuando eres el hijo de un mecánico, aprendes ciertas cosas.

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