16:30 pm. Salida del
People's Hospital, Isla Thomsen
Por
fin fuera. A mi espalda esa monstruosidad de edificación a la que
llaman hospital, y en frente de mi el sargento Blunt espera recostado
sobre uno de esos coches de "última tecnología" que la
Corporación está quitándose de las manos a lo largo de todo el
planeta. Ha pasado una semana desde que desperté y hablamos por
primera vez, y, quitando esa visita del alcalde con ínfulas de
publicitarse como si fuera una aspiradora, ha sido mi único contacto
con el mundo, y la verdad es como aquel que caminando por la calle se
encuentra un diamante: ni esperaba encontrárselo ni cree que pueda
volver a pasar; parece ser que el menudo sargento estará bajo mis
órdenes en cuanto recoja mi placa y durante esta semana he podido
conocerle bastante bien: nació hace veintiséis años, en un barrio
deprimido de Detroit, hijo de un operario de una fábrica de la
General Motors, tuvo que aprender a buscarse la vida cuando el
gigante de Detroit quebró al principio de la crisis de la primera
década, así que su formación, a grandes rasgos se resume en dos palabras: ensayo y error. Se vino a Baff City buscando una
oportunidad y la encontró en la policía, despuntando y ganándose
merecidamente-al contrario de lo que pueda parecer- su puesto como
sargento, puede que no lleve mucho tiempo con la placa, pero si hay
algo de lo que ha aprendido es de la calle. Casi parece una historia
típica de película de gángsters.
Durante
esta semana Blunt se ha callado muchas cosas, solo me ha hablado de
él, la comisaría, el hospital... y ni siquiera de eso me lo ha
dicho todo, así que hoy es día de preguntas.
-Buenas
tardes Joseph.
-Señor,
suba por favor-mi descuidado físico después de una semana en cama
hace que Blunt parezca aún más joven y vigoroso, apenas supera la
altura mínima para la policía, pero lo compensa con músculo y
agilidad; no soy experto en belleza masculina pero el bueno de Joe no
tiene pinta de ser de los que sufren ligando.
El
coche está absolutamente recogido.
-En
principio no nos vamos a meter en líos, mi teniente, pero si lo
desea tiene una pistola en la caja justo debajo de su asiento- me
agacho y palpo perplejo el envase- está descargada, eso si, así que
tendrá que ser rápido metiendo el cargador.
-¿Tan
mal conductor eres Blunt? Y yo que creía que íbamos a pasear
tranquilamente...
-No
iba precisamente por mis habilidades al volante, teniendo en cuenta
que con tres minutos en las calles de Baff City ha batido su record
personal de tiempo sin recibir disparos me ha parecido conveniente
decírselo, por lo menos esta vez podrá defenderse.
-Bonito
detalle- lo más gracioso es que el capullo tiene toda la razón a
pesar de su falta de respeto; mientras arranca me acomodo en el
asiento- pero procura no ser tan explícito en tus gracias cuando
esté de servicio, sargento.
-Si,
mi teniente. Bueno no estamos aquí para gastarnos bromas, esto es
Isla Thomsen, el área central de Baff City, aquí tiene el
ayuntamiento, la gran sede de la corporación, el hospital, la
comisaría, la estación, bancos...
-¿Por
qué ese nombre? Isla Thomsen..
-Esa
pregunta señor, es más profunda de lo que pueda parecer. Baff City
se organiza en siete islas dispuestas con dos líneas paralelas de
tres islas y una isla entre esas dos líneas y que realiza la función
de centro financiero y político. Cuando los Thomsen se hicieron con
el control de la ciudad y por ende de la Corporación las múltiples
familias que aportaban el capital a la empresa decidieron
establecerse lejos del área gubernamental para poder imponer su
propia ley y contar con una base desde la que socavar el poder del
que hoy por hoy es nuestro jefe: el alcalde, Patrick Thomsen. De
todas estas familias la más poderosa de cada isla se impusieron en
mayor o menor medida a las demás, y recibiendo entre los ciudadanos,
la denominación de la familia que "gobierna".
>>Estas
familias son las principales facciones políticas y son siete: los
Amir, los Petrov, los Minamoto, los Oliveira, los Fei, los Johnson y
nuestros amigos, los Thomsen. Por supuesto, el dominio de cada
familia se ha producido de manera rápida, lo que implica, sangre,
sobornos y mucha, mucha criminalidad, y, ¿quién tiene que barrer el
estropicio? Aquí es donde entra la gente como tú y yo, siempre
honorable y combativo servicio de policía de Baff City.
>>Ya
llevo hablando un poco así que sintetizaré, a nosotros nos toca la
parte difícil y de menor reconocimiento: ser buenos policías. Nos
están superando y tenemos que vencer a siete familias que
practicamente se están convirtiendo en señores feudales. Ahora
mismo no tenemos poder para conseguir nada, así que ponemos la caña
sobre un río desbordado esperando a que pique un pez gordo.
-Y me
imagino que de polis corruptos vamos servidos.
-Su
estancia en el hospital es prueba de ello, la orden del disparo ha
pasado por muchos eslabones de la cadena de mando, y le aseguro que
aquí vamos a tener que mancharnos las manos o irnos a casa en un
ataúd. No hay otra, no hay leyes, no hay condecoraciones. Las
familias usan la política como fachada para ocultar que se están
batiendo por tener un poco más, y entre medias los que se apartan
voluntariamente de la política viven entre una raya de cocaína y un
carrusel de fiestas con sus amigos ricos lamiéndose el culo los unos
a los otros.
No sé
de qué me sorprendo, el chico es joven, pero si sobrevives a las
calles, no puedes ser tonto.
-¿Y
el pueblo? ¿La prensa? ¿El gobierno federal? Me cuesta creer que no
tengan nada que decir- mientras hablamos, el silencioso coche avanza
por las transitadas calles, por lo que parece Isla Thomsen es un
oasis de tranquilidad en la ciudad, la mayor influencia del
ayuntamiento se nota, por lo menos tenemos una baza a nuestro favor.
Pasamos por la estación y recorremos la periferia de la Isla para
volver a meternos en el centro, la arquitectura alterna rascacielos
con grandes edificios que tratan imitar panteones griegos y romanos
añadiendo ese toque de tecnología que en esta Isla no parece
faltar. Ante mis ojos veo pasar el ayuntamiento, los juzgados...
-No
es ningún secreto que hay grupos dispuestos a acabar con esta
dictadura de los mercados,
pero aún no ha pasado suficiente tiempo para que se fortalezcan, y
además la organización que nos falta a los cuerpos de seguridad
para combatir la corrupción y el crimen, nos sobra para aplastar
manifestantes... Por otra parte la prensa no tiene actuaciones muy
diferentes a la de su "visita" del otro día y el que
quiera variar tiene que asumir el riesgo de llevarse un balazo. En
cuanto al gobierno federal, bueno, he escuchado a algún que otro
payaso de Isla Johnson parlotear acerca de un comando de la CIA
pululando por ahí, pero veo difícil que quieran saber nada de
nosotros.
-Desde
luego hablas como todo un chico de los barrios bajos de Detroit- el
chico sonríe, desde luego Joseph Blunt es algo más que eso, lo peor
es que lo sabe.
-¿Quiere
que le cuente por qué no le he hablado de todo esto en el hospital?
-Soy
todo oídos.
-La
corporación se ha esforzado mucho en controlar a todo aquel que
pueda darle problemas, instalan chips de grabación o seguimiento en
cada casa o coche de polis o tontos que se dejan seguir.
-¿Y
cómo sabe un simple sargento eso?
Blunt
detiene el coche, se mete la mano en el bolsillo y la saca totalmente
cerrada, cuando la abre veo el chip.
-Porque
cuando eres el hijo de un mecánico, aprendes ciertas cosas.

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