lunes, 15 de abril de 2013

Nº8 Tabaco y confesiones

02:00 A.M. Comisaría de policía de isla Petrov.

El cuarto, mal iluminado, lleno de humo de tabaco y con un extraño olor a sudor y sangre, el olor del interrogatorio. Dos policías; uno sentado, mayor y con un rostro inmutable y otro mas joven, de pie, igualmente inescrutable miraban atentamente al camello esposado que estaba sentado en la silla de enfrente. El mas joven le quitó las esposas.

-Está bien, que tengo que firmar?- Dijo el detenido. El policía mas viejo le pasó un documento estándar del programa de protección de testigos.

- Aquí y aquí- dijo con un acento ruso mal disimulado.

-¿Ya es legal? ¿Estoy bajo protección?- El policía asintió. El camello no parecía muy confiado, cogió un cigarrillo del paquete que había sobre la mesa y cuando pidió fuego se lo encendieron de mala gana. Los tres estaban nerviosos pero solo el camello casi conseguía que no se le notara.

-Empecemos- dijo el interrogador que estaba de pie, acto seguido encendió la cámara de vídeo anticuada que reposaba en un trípode no menos viejo- ¿Como te llamas?

-Mike Sullivan.

-¿En que parte de la ciudad vives?

-En isla Thomsen, distrito periférico irlandés- ninguno pareció inmutarse pero sabían lo que eso significaba: CSZ, la droga de diseño que estaba causando estragos entre los jóvenes. Todo lo que sucedió fueron las preguntas de rutina hasta que llegaron al tema por el que estaban allí.

-¿Como se organiza el entramado criminal de isla Thomsen?- Esta vez fue el policía que estaba sentado el que habló.

-Esa es una pregunta difícil- dijo el camello tras darle una calada al cigarro- Al alcalde le ha salido un competidor, su hijo, Alarik, actúa por su cuenta y cada vez se hace mas fuerte en los distritos del norte. El chico tiene talento, pero actuar a instancias de su padre puede salirle muy caro. Se avecinan cambios, y en la calle nadie sabe lo que sucederá,  ahora su gente está tomando posiciones. Cada día que pasa ganan mas terreno, se hacen llamar milites.

-Necesitamos nombres, lugares, todo lo que tengas- Dijo con impaciencia el policía joven. El camello no podía negarse, de ellos dependía que siguiera respirando, así que cogió un papel y un boli y cantó todo lo que sabia, lo cual no era demasiado. 

Cuando terminaron y devolvieron al detenido todos sus objetos personales lo llevaron por la puerta trasera de la comisaria hasta un callejón donde un coche antiguo de color negro aguardaba. Sin mediar despedida, metieron al delincuente en el asiento del copiloto. Allí esperaba un conductor y un otro hombre en el asiento de atrás, ambos vestidos de paisano.El camello, mucho mas relajado,
se encendió un cigarro y se limitó a contemplar como se sucedía el paisaje. lo que no se imaginaba es que los hombres que lo acompañaban no eran policías y que el formulario que había firmado no era mas que basura.


Todo terminó para el con un sencillo disparo en la cabeza, con el sonido del silenciador como único acompañante.

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