jueves, 18 de julio de 2013

Nº 19 Hoy por ti... (2º parte)

-Explícate- le digo sin rodeos.

-Has debido de enfadar mucho a alguien. Fue hace dos días como te he dicho, un tipo se presentó aquí con una pistola en la mano y muy poca paciencia, preguntando sobre un encargo, una modificación de un 44. ¿Te suena de algo?

-Mi encargo- Digo en voz baja, casi para mi mismo-¿Por qué me cuentas esto?

-Porque nadie jode a la serpiente, vas a cargarte a esa rata que anda husmeando por ahí y porque ahora trabajas para mi, van a pasar cosas en esta ciudad y tu me serás de gran utilidad- Si he llegado hasta aquí es precisamente por no comprometerme con ninguna facción, pero si rechazo esto soy un cadáver andante, así que no tengo otra alternativa.

-Me tomaré tu silencio como una aceptación, mis hombres te darán una dirección, es tu nuevo apartamento, dejarás de recibir encargos de las familias y desaparecerás del radar durante un tiempo, me reuniré contigo en breve.

Piso franco de la serpiente en isla Thomsen, una semana después alrededor de la medianoche.

Me encuentro con mi nuevo jefe por primera vez desde aquel día en el local. Entra en el piso algo agitado.

-El equilibrio de poder en las islas se ha roto- me dice nervioso, no se si es bueno o malo para el- el hijo insurrecto de Patrick Thomsen ha segado a la cúpula de directivos de su familia y tiene el control practico de las afueras, los chinos han empezado a presionar en la propia isla Thomsen, la bolsa parece una puta montaña rusa y las demás familias se vigilan unas a otras preparándose para lo peor.

-Creía que las siete familias eran empresas y no mafias ¿Habrá guerra entonces?

-Todavía es pronto para saberlo pero lo que esta claro es que se avecinan cambios y que estas familias tienen dos caras, la que ensañan durante el día y la que muestran al caer la noche- La serpiente me da instrucciones de estar atento a la calle y de estar alerta y preparado por lo que pueda pasar aunque no se muy bien como si no tengo ni la mas remota idea de que es. Hace ademán de irse del apartamento pero antes me dice- Por cierto tengo algo para ti- alargando la mano para entregarme uno de esos dispositivos de vídeo holográficos, cuando abro el archivo que contiene veo la grabación de la cámara de seguridad del taller clandestino.

Al parecer el tipo al que busco vino al local y amenazó a punta de pistola al pobre idiota del taller, sin embargo le aplastó la cabeza con sus propias manos cuando se resistió, después de confesar terminó de romperle la cabeza y lo dejó tendido en el suelo como si fuera un saco de arena. La grabación de la cámara oculta es esclarecedora y aunque todavía no se quien coño es, se que se mueve por venganza ciega, además se como es y no me hará falta buscarle, solo dirigirle a donde yo quiera y el vendrá a mi...

viernes, 12 de julio de 2013

Nº18 Pandilleros de guante blanco

En alguna obra de Baff City, hora desconocida.

El ambiente comienza a cargarse, se escuchan gritos y conatos de órdenes entremezclados con el pavoneo de los miembros de los dos pequeños ejércitos que han elegido una obra, cuyo avance se encuentra estancado, para disputarse su batalla particular.

Los hay de todas las nacionalidades, no luchan por nada en concreto, es instinto de supervivencia, no son soldados, tampoco animales, solo hombres y mujeres sin nada que perder. Su armamento es rudimentario, herramientas que han conseguido sacar de sus fábricas, talleres y obras: martillos, palancas, palas, puntales e incluso algún que otro cuchillo.

En la ciudad la gente que no forma parte de la mafia o los verdaderos criminales ha aprendido a desenvolverse por bandas, organizaciones casi familiares temerosas del verdadero gobierno de sus respectivas islas: las familias. Cuando hay amenaza por parte de otros hacia sus puestos de trabajo o hacia el escueto bienestar que son capaces de rascar, las bandas se organizan y de una forma más o menos directa, protegen lo que es suyo, el barullo y la frecuencia es tal que hay demasiados rastros para seguir y las investigaciones se colapsan: pandilleros de guante blanco los llaman algunos. Los que sobreviven al juego de las calles y tienen ambición suficiente, prueban suerte en ligas mayores.

En esta ocasión, un grupo de desplazados se ha topado con unos anfitriones que no están dispuestos a dar ni un trozo de lo que consideran es "su" territorio. El semiconstruido edificio está rebosante de andamios, forjados y lugares donde encontrar más de una sorpresa.

Los dos bandos se detienen uno frente al otro. Las respiraciones se entrecortan, las miradas de odio se cruzan con otras de miedo o de ansiedad. El impasse parece desembocar en un momento de negociación entre las bandas, pero en lugar de eso un grito se alza sobre el silencio y desde ambos lados se carga, rompiendo la calma reinante e iniciando la obertura de los golpes.

El choque es caótico, más que una pelea, la escena parece como si dos animales salvajes se peleasen por un filete. Nadie en los dos bandos ha sido educado en la violencia, apenas son capaces de manejar sus rudimentarias armas para descargar un golpe efectivo. En medio de la turba comienzan a brotar las primeras gotas de sangre, seguidas del crujir de los primeros huesos rotos, quebrados eso si por golpes perdidos en medio del gentío.

La pelea comienza a prolongar, los más débiles han empezado a caer al suelo e intentan escabullirse para no ser aplastados. Conforme más minutos transcurren, más pesa el cansancio y más combatientes caen. Al final el tiempo mata la pelea, y los bandos comienzan a retirarse, sin un ganador claro, no será la última vez que se vean.

Conforme se disipan los ecos de la batalla llegan los gritos de las sirenas de policía, más raudos que de costumbre. Todos se afanan en abandonar el lugar, todo se mezcla, el edificio ofrece múltiples salidas, pero alguien les ha tendido una trampa, alguien ha llamado antes a la policía, o tal vez se había filtrado la noticia de la pelea. Los rezagados se mueven cargando con sus heridos, pero es imposible que alguien no quede atrás ya que el miedo a no sobrevivir a las vicisitudes de las calles de Baff City solo es comparable al de ingresar en las celdas de su prisión.

La policía no desaprovecha su ventaja. Apenas llegan unos cuantos a escapar antes de que el cerco se complete. Los que no lo consiguen adoptan aptitudes dispares, algunos deciden luchar y reciben el castigo de las balas, otros simplemente se rinden y suplican, pero la hora de la piedad ya pasó.

Los arrestos se suceden y comienzan a desfilar los pandilleros, la derrota es total y no ha distinguido de bando. En la oscuridad, entre tanto policía uniformado se distinguen dos hombres de paisano, uno más alto y mayor, de rostro desgastado por una vida de duras aventuras policías y de un pelo rojizo que ha comenzado a tornarse blanco. El otro, de altura escasa pero forma inigualable y semblante más enérgico, viste más desarreglado que su compañero y se permite mostrar su sonrisa que, en medio de la oscuridad de la calle, es como si alguien hubiera encendido una luz en mitad de una cueva.

lunes, 1 de julio de 2013

Nº 17 Hoy por ti... (1º parte)

Cuando supe que la serpiente quería verme se me pasaron un par de hipótesis por la cabeza, deseché que quisiera matarme porque ya estaría muerto de ser así, no, quiere ofrecerme algo o no se tomaría la molestia. Lo que me lleva a la siguiente cuestión ¿Que quiere de mi? Solo hay una respuesta posible y esta no responde al porqué de su empeño en verme personalmente.

Antes de nada dejadme que os explique quien es... si es que alguien lo sabe. De la serpiente solo se sabe que posee varios negocios tapadera de la ciudad, no trabaja para ninguna familia y a la vez mantiene contacto con todas, no toma partido pero saca una gran tajada en los asuntos delicados de la corporación Baff. 

09:17 a.m. Suburbios de isla Oliveira.

Decido levantarme de una vez y vestirme sin hacer mucho ruido, me pongo la gabardina y me dirijo a la puerta dedicando una ultima mirada al ángel con el pelo azabache que duerme todavía profundamente con la espalda al descubierto. Cruzar la puerta significa abandonar el paraíso para entregarse una vez mas al infierno.

Ya en la calle saco la tarjeta, miro la dirección escrita en ella y me dirijo a isla Fei donde se encuentra el local. Es una ferretería tapadera que esconde un taller de armas clandestino donde me han trucado mas de una vez la pistola de algún encargo. No parece el lugar mas ortodoxo para esto pero esta claro que no ha sido elegido al azar.

Cuando llego me sorprende no encontrar a nadie fuera para recibirme con el cacheo habitual, en vez de eso me encuentro con el letrero de "cerrado" pero al girar el pomo de la puerta del negocio me encuentro con que esta abierta. Todavía con sospechas entro sin hacer ruido y con las dos pistolas enfundadas pero preparadas debajo de la gabardina. Ni un alma en el negocio tapadera así que me dirijo a la parte posterior donde esconden el taller, allí encuentro a la serpiente con los ojos clavados en mi desde una silla y a dos matones calvos y corpulentos manchados de sangre.

-Ah, eres tu- Me dice la serpiente fingiendo sorpresa, obviamente sabia que estaba aquí- Pasa por favor, estas en tu casa- Al observar mas detenidamente veo en un rincón de la habitación dos cubas grandes de plástico con una mezcla de productos químicos y carne y huesos disueltos. El olor penetrante me paraliza por un momento. Claramente aquí se esta limpiando la escena de un asesinato -No te preocupes, esta todo arreglado- Me dice mientras manda a uno de los gorilas a cachearme con un gesto- Me imagino que te preguntarás por que estas aquí. Bien, aquí nuestro compañero solía trabajar en este taller- Me dice mientras señala las cubas- hasta hace dos días, cuando alguien vino a interrogarlo.

-¿A interrogarlo? ¿Sobre que?- Esto cada vez me huele peor y creo saber por qué.

-Sobre ti amigo mio.
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