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Aikido Shodokan

Cuando la gente nos pregunta qué es exactamente el aikido shodokan siempre damos una u otra respuesta: hablamos de qué movimientos son los que priman en su práctica, de cuál es la jerarquía existente en el dojo, de qué lugar proviene, o simplemente hacemos un resumen comparándolo con algún otro arte marcial. Sin embargo sería imposible encontrar un discurso homogéneo entre sus practicantes, y no porque falte una filosofía que aporte valores que aglutinen a sus practicantes, sino porque esta filosofía es tan amplia, y hay tanto que explicar que al final resulta imposible no encontrar diferencia en la interpretación, así como en un cuadro dos observadores pueden observar y obtener diferentes emociones, en el aikido shodokan, dos practicantes, sea cual sea el color que luzca en sus respectivos cinturones, pueden describir caminos diferentes sin salir de la senda que la práctica nos marca. Y así podemos obtener una cualidad del aikido y es que tanto en su modo de interpretar como en su modo de practicarse, el aikido es variedad.

Todas las filosofías son subjetivas, quizás porque no se pueden probar de manera científica y el rechazo no distingue de personalidades, disciplinas deportivas o artes marciales y además, en cierto sentido lo nuevo es más suceptible a ser rechazado que la tradición. Con esta realidad tuvo que convivir el fundador de la rama del aikido de la que usted se encuentra leyendo en este momento, Tomiki Kenji que vivió entre los años 1900 y 1979. No hace falta mirar las fechas mucho tiempo para darse cuenta de lo joven que es esta rama del aikido y si a eso añadimos el tiempo que transcurrió hasta que a finales de los años ochenta llegase a España después de un largo viaje desde Osaka, Japón pasando por Suiza tenemos como resultado un diamante en bruto con miles de posibilidades y aún por descubrir. Pero, ¿qué hace diferente al shodokan respecto a otras ramas? Bien, podemos encontrar las diferencias en la ejecución de las técnicas, en la introducción de una sección competitiva o incluso en el vestuario, centrándose en una apariencia más austera con el tradicional “dogi” o “kimono” blanco sin la “hakama” habitual en otros estilos más tradicionales como el aikido aikikai.

Si nos referimos a la ejecución de las técnicas encontramos que en el shodokan los practicantes deben encontrar un equilibrio entre las katas donde la resistencia apenas es perceptible y el randori, donde la resistencia del contrario es tal que acaba obligando a la búsqueda de una combinación de técnicas que permita derribar, o desequilibrar al rival, cuidándonos siempre de evitar cualquier posibilidad de contraataque. Por muy complicado que pueda parecer cada aikidoka interioriza tres conceptos clave para poner en práctica las premisas anteriores: la defensa del centro, el mantenimiento de la distancia de combate y el más importante de todos, aprovechar la fuerza del rival contra él mismo. El aikido fluye con el movimiento y más allá de quedarnos únicamente con el concepto de fuerza física el aikidoka combina sus movimientos con el movimiento de la energía vital o ki, tanto de la propia como la del adversario.

En cuanto al aspecto competitivo del aikido shodokan encontramos dos modalidades básicas que se subdividen en otras variantes que se adaptan tanto a la experiencia del practicante como a las circunstancias en las que tendrá que practicar. En primera instancia distinguimos el embu, donde dos parejas muestran una serie de técnicas ante un jurado de cuatro árbitros que votará a favor de la pareja cuyas técnicas más agraden. Por otro lado existe el randori, concepto por el cual entenderíamos el combate libre clásico, donde existen dos variantes: tanto, donde los contendientes se alternan un cuchillo (tanto) de gomaespuma y mientras el portador intenta estocar al rival este intenta evitar las acometidas del otro mediante esquivas donde moverá todo su cuerpo (taisabaki) y pondrá en práctica todos los conceptos básicos que ha aprendido no solo para evitar recibir las acometidas del portador del tanto, sino para además lograr derribarlo o derribarla, y toshu donde ambos contendientes luchan a mano desnuda y el combate se asemeja a uno de judo donde ambos rivales pueden dar o recibir técnicas en cualquier momento.

En España la ciudad de mayor relevancia en el aikido es Málaga y por tanto las competiciones a nivel nacional se han celebrado siempre en la ciudad andaluza. Se espera que este diciembre acontezca la tercera edición del campeonato nacional antes de la celebración el próximo agosto del campeonato mundial en Japón, constituyendo así la décima edición de este campeonato.

Me gustaría terminar el texto como lo empecé: reflexionando acerca de la definición de aikido shodokan. Tal vez lo más fácil de decir es: se trata de un arte marcial basado en la defensa con proyecciones y luxaciones que además incluye una variante competitiva. Pero el que lo ve y lo practica se da cuenta de que el aikido transmite la deportividad, la humildad, el compañerismo, saber compartir los conocimientos y nos enseña una lección muy importante, la paz con uno mismo, y no por la destrucción del contrario sino por la armonización de las situaciones de conflicto y seguir la senda del fluir del ki. Naturalmente sería imposible materializar todo esto en estas líneas sin perderme en tecnicismos o aburriendo al lector, pero espero haber llegado a una conclusión aproximada a la pregunta con la que inciciábamos esta lectura. Así pues cuando la gente nos pregunta qué es el aikido me veo muy resuelto a decirles: el aikido es más que un arte marcial, el aikido es energía, es un camino, no el más llano pero si uno de los más gratificantes; es respetar y saber ser respetado es todo esto y mucho más. Y es que el aikido...es un modo de vida








Sinfonía

El mundo, oscuro, hóstil, seductor, difícil, prometedor... Un escenario a oscuras, el público ha tomado asiento. Nunca saben nada, nunca sabrán nada. En la oscuridad el tímido sonido de un violín hace de obertura a una historia del tema más agridulce del que pueden tratar los cuentos: la vida.

Así pues comienzo mi viaje.

Por escenario una ciudad, tan indiferente como las vidas atascadas en ella, circulando, observando los rostros, diferentes pero igualmente invisibles. Por historia una vida, no la mía, pero si una muy influyente para mi, a pesar de su escasa importancia en el mundo, esa vida es mi centro, mi fulcro, en ella me baso, en ella...me apoyo. Sin ella no existo, qué irónico... Pero siempre me ha gustado pensar que la vida es un juego de ironías; una historia de mentiras, de gestos que pueden ser fortuitos... o pueden mover ejércitos, como ves no estoy exento de ellas...

Comienza mi sinfonía.

El fulcro sobre el cual circulo comienza su monótona vida, se despierta, y en la ventana un día nublado...

...Ojalá fueran nubes de lluvia.

Y a ese pensamiento acompañan tose y flemas ensangrentadas por la polución, pero no se detiene, y si esa vida no se detiene yo tampoco puedo hacerlo. Y no me malinterpretéis pero no puedo sobrevivir sin esa vida en la que me asiento, y no porque deteste este lento infierno en el que hemos convertido nuestra civilización, que también, pero simplemente si él muere yo muero, pero yo muero... él puede sobrevivir. Como decía antes la vida es un juego de ironías.

Sale a trabajar, yo con él, y en mi sinfonía los coches son instrumentos de viento y percusión, sus pitidos dan coloridos chillones a la sala, y como siempre el público no sabe nada.

Pasan las horas, él se atasca en la rutina de su trabajo, su visión se emborrona, los sonidos llegan difuminados. En su boca un regusto a tabaco. En su nariz... nada, ni los restos de polvo blanco de la noche anterior... Sus abusos... son mis abusos... Sin sentidos pero con sentimientos. Vivo en un muñeco roto.

Salimos. Aparece esa mujer, bella, feliz...ajena, y mi fulcro se esfuerza... Una sonrisa en sus labios, un saludo en nuestros oídos, una caricia... Una bendición... Un gesto por el que mover un ejército. Yo soy él, él no es yo, y él hace tiempo que contó sus bendiciones.

La noche, negra sobre nuestras cabezas y de un color indescriptible ante nuestros ojos. Volvemos a casa, los violines se agitan. El público comienza a sentir una ilusión de locura, de fervor, de pasión. pero yo soy el director y por desgracia mi escasa avaricia me impide frotarme las manos por el dinero a recaudar. simplemente la ignorancia me levanta lástima.

Y lo dice un ignorante.


Entre la oscuridad avanzamos, disparos a lo lejos, berridos de putas de poca monta son el coro del camino a casa... El chirrido de la puerta oxidada marca el fin del acto, y a la espalda, quedan ratas, un charco de vómito y algunas botellas rotas. Lo peor es que aún queda pagar el alquiler

Y la música reaparece con un estruendo gutural de guitarras y percusiones descontroladas. Y comienza de nuevo, nuestra cita con las sustancias, nuestra amarga cita con la ficción.

Despertamos. Yo he sufrido un acelerón que terminó en un frenazo. Nos levantamos, y veo que tenemos algo en la mano y cuando miramos al espejo veo mi fulcro... mi muñeco roto... lo verdaderamente imprescindible para mi... y hay algo en su sien.

El disparo es la percusión, que termina con mi golpe casi imperceptible en el espejo, junto a mis demás hermanas, y otro un poco más fuerte: mi fulcro golpeando el suelo. Soy, he sido, y seré su sangre, una sola gota, no puedes verme... hasta que salgo, pero te revelaría más que cualquiera, pero yo ya no soy él, justo antes de morir, yo, por fin, soy yo. Qué ironía...

Y... finalmente... la sinfonía termina, los violines que se han agitado fervientemente se difuminan en el ambiente y el gran golpe de percusión marca el fin de todo un mundo... Y entonces... lentamente... me deslizo... y muero. ¿Un último pensamiento? No sabes nada...


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