lunes, 22 de abril de 2013

Nº9 Hoguera en la vanguardia

Y ahora noticias de actualidad: los atentados que desde el principio del año llevan sacudiendo zonas de recreo de lujo y centros financieros han sido vinculados con una organización de ideología comunista conocida como El Martillo. Sin embargo la identidad de sus miembros permanece oculta. ¿Cuál será el próximo objetivo de la banda? Seguiremos informando.

22:30 pm, cocinas del Vanguardia, con destino a Baff City.

Hoy se prepara un plato especial en los fogones del Vanguardia, ese viejo barco que se ha estado encargando estos días de transportar a unos cuantos "millonetis" de la Costa Este para que puedan admirar lo que el capital es capaz de crear: ese frío montón de islas llamado Baff City, así que necesitarán calentarse por el camino.

La cena hace rato que se sirvió, pero los muchachos siguen cocinando, y aún falta el toque del chef, hoy dicen que han traído al mejor, qué lástima que sea yo. Treinta años en el mundo de la cocina y metido en estas locuras, supongo que los premios no gratifican tanto como el mantener tus ideales impolutos.

En la cámara frigorífica tiembla el jefe de seguridad del barco, blando y sangrante como un filete poco hecho, ha tenido la diligencia de desactivar las cámaras y borrar todos los registros, aunque hemos tenido que exprimir nuestra "labia", para convencerle.

El barco se aproxima a su destino, donde está prevista una gran traca de fuegos artificiales a modo de bienvenida. Cinco minutos y todo empezará, como acto previo el chef debe subir a proa, aplausos y entonces empezará la traca, nadie sabrá lo que pasa en la popa.

-Señor Bellamy, es la hora- el sous chef prepara a los míos para el trabajo, yo subo la escalerilla allí me esperan todos esos rostros, en algunos la borrachera comienza a asomarse, pero en todos se aprecia la misma hipocresía. El atronador aplauso apenas dura un minuto, y entonces empieza la traca.

-¡Fuego! ¡Hay fuego dentro! ¡CORRED!- miro no necesito mirar atrás ni comprobar quién lo ha descubierto, la gente empieza a agitarse, yo solo necesito saltar y nadar, a pesar de los kilos de más y del frío lo conseguiré. Corro, la borda está cerca antes de saltar mis zapatos desaparecen, y tras el mandil aparece un chaleco salvavidas. Salto y con el beso del agua olvido todo lo demás, no percibo explosión alguna, mientras se infla el salvavidas la corriente me arrastra, hacia arriba y bien lejos. De vuelta en la superficie recibo otro beso, el del oxígeno mucho más agradable que el agua.

A lo lejos el barco arde, no tienen botes para huir, sigo nadando, no tardarán en volar. Mientras tanto, soledad, son diez, veinte, treinta minutos solo... Y entonces aparece el barco, son los guardacostas, ¿coincidencia? Respondeos vosotros mismos.

-Bienvenido a bordo, señor Bellamy, pensábamos que no le encontraríamos- aparece entonces una esbelta figura femenina, pelo platino y ojos de acero, mala fama y peor carácter, me gusta pensar que es cosa de genética. Algunos la llaman la Hoz, yo simplemente la llamo hija.

Los guardacostas están comprados, la chica se escapará en tierra de las cámaras con la misma facilidad con la que les compró. Entonces me entrevistarán, me convertirán en invitado de honor, y yo les recompensaré con fuego y buena cocina, y como siempre los chicos no pueden faltar.

-¿Qué tal habéis dejado la cocina, padre?

-Limpia, como siempre.

Dos días después.

Y ahora noticias de actualidad: el incendio del Vanguardia podría haber sido un atentado terrorista, los equipos de buzos encargados de inspeccionar los restos del barco han encontrado los restos de los cocineros, en cuyos carbonizados esqueletos se observan heridas de bala.

Los archivos rescatados del barco no han aportado nueva información al asunto ya que según informa el cuerpo de guardacostas tanto las fichas del personal, como las grabaciones de las cámaras fueron borradas. Todo apunta a que los miembros de seguridad acabaron con los cocineros, únicos tripulantes que podían haberles delatado, colocaron los explosivos y durante los fuegos artificiales escaparon. De los doscientos pasajeros del Vanguardia tan solo unas decenas han podido ser salvados, entre ellos el gran chef Al Bellamy, encontrado milagrosamente por los guardacostas y deseoso de venganza por la muerte de sus muchachos. Los mandatarios de la ciudad han ofrecido al galardonado chef alojamiento e imploran que una vez repuesto de esta experiencia, les deleite con sus platos. Le deseamos lo mejor al señor Bellamy y a las víctimas, ¿podrá tener este incidente alguna relación con los comunistas de El Martillo? Seguiremos informando.

lunes, 15 de abril de 2013

Nº8 Tabaco y confesiones

02:00 A.M. Comisaría de policía de isla Petrov.

El cuarto, mal iluminado, lleno de humo de tabaco y con un extraño olor a sudor y sangre, el olor del interrogatorio. Dos policías; uno sentado, mayor y con un rostro inmutable y otro mas joven, de pie, igualmente inescrutable miraban atentamente al camello esposado que estaba sentado en la silla de enfrente. El mas joven le quitó las esposas.

-Está bien, que tengo que firmar?- Dijo el detenido. El policía mas viejo le pasó un documento estándar del programa de protección de testigos.

- Aquí y aquí- dijo con un acento ruso mal disimulado.

-¿Ya es legal? ¿Estoy bajo protección?- El policía asintió. El camello no parecía muy confiado, cogió un cigarrillo del paquete que había sobre la mesa y cuando pidió fuego se lo encendieron de mala gana. Los tres estaban nerviosos pero solo el camello casi conseguía que no se le notara.

-Empecemos- dijo el interrogador que estaba de pie, acto seguido encendió la cámara de vídeo anticuada que reposaba en un trípode no menos viejo- ¿Como te llamas?

-Mike Sullivan.

-¿En que parte de la ciudad vives?

-En isla Thomsen, distrito periférico irlandés- ninguno pareció inmutarse pero sabían lo que eso significaba: CSZ, la droga de diseño que estaba causando estragos entre los jóvenes. Todo lo que sucedió fueron las preguntas de rutina hasta que llegaron al tema por el que estaban allí.

-¿Como se organiza el entramado criminal de isla Thomsen?- Esta vez fue el policía que estaba sentado el que habló.

-Esa es una pregunta difícil- dijo el camello tras darle una calada al cigarro- Al alcalde le ha salido un competidor, su hijo, Alarik, actúa por su cuenta y cada vez se hace mas fuerte en los distritos del norte. El chico tiene talento, pero actuar a instancias de su padre puede salirle muy caro. Se avecinan cambios, y en la calle nadie sabe lo que sucederá,  ahora su gente está tomando posiciones. Cada día que pasa ganan mas terreno, se hacen llamar milites.

-Necesitamos nombres, lugares, todo lo que tengas- Dijo con impaciencia el policía joven. El camello no podía negarse, de ellos dependía que siguiera respirando, así que cogió un papel y un boli y cantó todo lo que sabia, lo cual no era demasiado. 

Cuando terminaron y devolvieron al detenido todos sus objetos personales lo llevaron por la puerta trasera de la comisaria hasta un callejón donde un coche antiguo de color negro aguardaba. Sin mediar despedida, metieron al delincuente en el asiento del copiloto. Allí esperaba un conductor y un otro hombre en el asiento de atrás, ambos vestidos de paisano.El camello, mucho mas relajado,
se encendió un cigarro y se limitó a contemplar como se sucedía el paisaje. lo que no se imaginaba es que los hombres que lo acompañaban no eran policías y que el formulario que había firmado no era mas que basura.


Todo terminó para el con un sencillo disparo en la cabeza, con el sonido del silenciador como único acompañante.

lunes, 8 de abril de 2013

Nº7 El principio de una desgraciada amistad

16:30 pm. Salida del People's Hospital, Isla Thomsen

Por fin fuera. A mi espalda esa monstruosidad de edificación a la que llaman hospital, y en frente de mi el sargento Blunt espera recostado sobre uno de esos coches de "última tecnología" que la Corporación está quitándose de las manos a lo largo de todo el planeta. Ha pasado una semana desde que desperté y hablamos por primera vez, y, quitando esa visita del alcalde con ínfulas de publicitarse como si fuera una aspiradora, ha sido mi único contacto con el mundo, y la verdad es como aquel que caminando por la calle se encuentra un diamante: ni esperaba encontrárselo ni cree que pueda volver a pasar; parece ser que el menudo sargento estará bajo mis órdenes en cuanto recoja mi placa y durante esta semana he podido conocerle bastante bien: nació hace veintiséis años, en un barrio deprimido de Detroit, hijo de un operario de una fábrica de la General Motors, tuvo que aprender a buscarse la vida cuando el gigante de Detroit quebró al principio de la crisis de la primera década, así que su formación, a grandes rasgos se resume en dos palabras: ensayo y error. Se vino a Baff City buscando una oportunidad y la encontró en la policía, despuntando y ganándose merecidamente-al contrario de lo que pueda parecer- su puesto como sargento, puede que no lleve mucho tiempo con la placa, pero si hay algo de lo que ha aprendido es de la calle. Casi parece una historia típica de película de gángsters.

Durante esta semana Blunt se ha callado muchas cosas, solo me ha hablado de él, la comisaría, el hospital... y ni siquiera de eso me lo ha dicho todo, así que hoy es día de preguntas.

-Buenas tardes Joseph.

-Señor, suba por favor-mi descuidado físico después de una semana en cama hace que Blunt parezca aún más joven y vigoroso, apenas supera la altura mínima para la policía, pero lo compensa con músculo y agilidad; no soy experto en belleza masculina pero el bueno de Joe no tiene pinta de ser de los que sufren ligando.

El coche está absolutamente recogido.

-En principio no nos vamos a meter en líos, mi teniente, pero si lo desea tiene una pistola en la caja justo debajo de su asiento- me agacho y palpo perplejo el envase- está descargada, eso si, así que tendrá que ser rápido metiendo el cargador.

-¿Tan mal conductor eres Blunt? Y yo que creía que íbamos a pasear tranquilamente...

-No iba precisamente por mis habilidades al volante, teniendo en cuenta que con tres minutos en las calles de Baff City ha batido su record personal de tiempo sin recibir disparos me ha parecido conveniente decírselo, por lo menos esta vez podrá defenderse.

-Bonito detalle- lo más gracioso es que el capullo tiene toda la razón a pesar de su falta de respeto; mientras arranca me acomodo en el asiento- pero procura no ser tan explícito en tus gracias cuando esté de servicio, sargento.

-Si, mi teniente. Bueno no estamos aquí para gastarnos bromas, esto es Isla Thomsen, el área central de Baff City, aquí tiene el ayuntamiento, la gran sede de la corporación, el hospital, la comisaría, la estación, bancos...

-¿Por qué ese nombre? Isla Thomsen..

-Esa pregunta señor, es más profunda de lo que pueda parecer. Baff City se organiza en siete islas dispuestas con dos líneas paralelas de tres islas y una isla entre esas dos líneas y que realiza la función de centro financiero y político. Cuando los Thomsen se hicieron con el control de la ciudad y por ende de la Corporación las múltiples familias que aportaban el capital a la empresa decidieron establecerse lejos del área gubernamental para poder imponer su propia ley y contar con una base desde la que socavar el poder del que hoy por hoy es nuestro jefe: el alcalde, Patrick Thomsen. De todas estas familias la más poderosa de cada isla se impusieron en mayor o menor medida a las demás, y recibiendo entre los ciudadanos, la denominación de la familia que "gobierna".

>>Estas familias son las principales facciones políticas y son siete: los Amir, los Petrov, los Minamoto, los Oliveira, los Fei, los Johnson y nuestros amigos, los Thomsen. Por supuesto, el dominio de cada familia se ha producido de manera rápida, lo que implica, sangre, sobornos y mucha, mucha criminalidad, y, ¿quién tiene que barrer el estropicio? Aquí es donde entra la gente como tú y yo, siempre honorable y combativo servicio de policía de Baff City.

>>Ya llevo hablando un poco así que sintetizaré, a nosotros nos toca la parte difícil y de menor reconocimiento: ser buenos policías. Nos están superando y tenemos que vencer a siete familias que practicamente se están convirtiendo en señores feudales. Ahora mismo no tenemos poder para conseguir nada, así que ponemos la caña sobre un río desbordado esperando a que pique un pez gordo.

-Y me imagino que de polis corruptos vamos servidos.

-Su estancia en el hospital es prueba de ello, la orden del disparo ha pasado por muchos eslabones de la cadena de mando, y le aseguro que aquí vamos a tener que mancharnos las manos o irnos a casa en un ataúd. No hay otra, no hay leyes, no hay condecoraciones. Las familias usan la política como fachada para ocultar que se están batiendo por tener un poco más, y entre medias los que se apartan voluntariamente de la política viven entre una raya de cocaína y un carrusel de fiestas con sus amigos ricos lamiéndose el culo los unos a los otros.

No sé de qué me sorprendo, el chico es joven, pero si sobrevives a las calles, no puedes ser tonto.

-¿Y el pueblo? ¿La prensa? ¿El gobierno federal? Me cuesta creer que no tengan nada que decir- mientras hablamos, el silencioso coche avanza por las transitadas calles, por lo que parece Isla Thomsen es un oasis de tranquilidad en la ciudad, la mayor influencia del ayuntamiento se nota, por lo menos tenemos una baza a nuestro favor. Pasamos por la estación y recorremos la periferia de la Isla para volver a meternos en el centro, la arquitectura alterna rascacielos con grandes edificios que tratan imitar panteones griegos y romanos añadiendo ese toque de tecnología que en esta Isla no parece faltar. Ante mis ojos veo pasar el ayuntamiento, los juzgados...

-No es ningún secreto que hay grupos dispuestos a acabar con esta dictadura de los mercados, pero aún no ha pasado suficiente tiempo para que se fortalezcan, y además la organización que nos falta a los cuerpos de seguridad para combatir la corrupción y el crimen, nos sobra para aplastar manifestantes... Por otra parte la prensa no tiene actuaciones muy diferentes a la de su "visita" del otro día y el que quiera variar tiene que asumir el riesgo de llevarse un balazo. En cuanto al gobierno federal, bueno, he escuchado a algún que otro payaso de Isla Johnson parlotear acerca de un comando de la CIA pululando por ahí, pero veo difícil que quieran saber nada de nosotros.

-Desde luego hablas como todo un chico de los barrios bajos de Detroit- el chico sonríe, desde luego Joseph Blunt es algo más que eso, lo peor es que lo sabe.

-¿Quiere que le cuente por qué no le he hablado de todo esto en el hospital?

-Soy todo oídos.

-La corporación se ha esforzado mucho en controlar a todo aquel que pueda darle problemas, instalan chips de grabación o seguimiento en cada casa o coche de polis o tontos que se dejan seguir.

-¿Y cómo sabe un simple sargento eso?

Blunt detiene el coche, se mete la mano en el bolsillo y la saca totalmente cerrada, cuando la abre veo el chip.

-Porque cuando eres el hijo de un mecánico, aprendes ciertas cosas.

lunes, 1 de abril de 2013

Nº6 Sonrisas de león

11:30 a.m. Habitación del teniente Shawn Byrne, People's Hospital, Isla Thomsen

-¡Señor alcalde aquí por favor!

-¡Señor! ¡Señor! Solo una pregunta por favor.

Mi primer día como secretaría del alcalde, hoy el señor Thomsen visita el mayor hospital de la ciudad: el People's Hospital, llamado así en honor a los trabajadores de Baff City que contribuyeron a levantar la ciudad. El edificio es absolutamente gigantesco y en su mayoría con mayor atraso con respecto a las avanzadas clínicas utilizadas por los ciudadanos más acomodados de Baff City; se encuentra en la isla central de la ciudad: la llamada Isla Thomsen, que comprende la mayor parte de las instituciones gubernamentales, posiblemente sea la isla más segura de las siete, ya que algunos afirman que la influencia del ayuntamiento se diluye conforme nos alejamos. Todavía no entro en valoraciones, como he dicho es mi primer día.

Como es natural en este tipo de actos la prensa sigue al alcalde, que hace las veces de guía con una banda sonora de flashes y preguntas. Mi papel se limita a un "ahora la señorita Black les indicará nuestro próximo destino" entre tanto espero detrás de ese pelotón de periodistas y cámaras. Hemos llegado al ecuador de la visita: la habitación del teniente Byrne, que fue disparado a su llegada a la ciudad. Por lo que he podido saber es un distinguido agente, pero fue ayer, organizando el itinerario cuando me enteré de su existencia y este ostracismo en el que ha permanecido Byrne entona las declaraciones.

-Alcalde Thomsen, aquí, por favor- un reportero cuarentón de la prensa neoyorquina es el que pregunta. En Baff City no se ha llegado a imprimir ningún periódico en su corta historia, las noticias funcionan por canales y emisoras de radio, los periódicos no son intrínsecamente locales, sino que los corresponsales en la ciudad redactan las noticias para las webs de sus respectivos diarios. Le pregunté al alcalde por este hecho mientras veníamos, el simplemente dijo que ese sistema ayudaba a preservar el orden, aún sigo dándole vueltas...-verá señor, creo que hablo por todos si digo que nos gustaría saber el estado de la investigación sobre el disparo contra el teniente Byrne.

Tras la pregunta, como siempre, un murmuro y más ruido de flashes. El alcalde alza la mano sonriente, en parte saludando y en parte tranquilizando a su público, a su vez Byrne, pelirrojo, con una barba que comienza a entrever algunas que otra cana, aún desde la cama y todavía con el instrumental en su cuerpo también alza la mano pero más que un saludo parece que estuviera espantando una mosca, visto el panorama no es para menos

-No dudo que esa es la pregunta que toda Baff City se hace- comienza a entonar Patrick Thomsen, un hombre alto a pesar de que ya supera los cincuenta, con un fuerte pelo castaño cobrizo y con una notable corpulencia en ocasiones mal confundida con gordura, ese millonario-político con el físico de un jugador de rugby y que ahora habla a la prensa como si de un encantador de serpientes se tratara, había construido un patrimonio incalculable sin ayuda de nadie mientras se hacía con el dominio de la corporación y finalmente de la ciudad, todo esto paralelamente a la creación de su gran familia, que engloba gran parte de la alta sociedad de la ciudad,"¿quieres algo? Pues pídele permiso a los Thomsen" fue el primer consejo que me dieron nada más aceptar el puesto- pero la respuesta a esa pregunta corresponde a la policía y aún con todo me temo que para preservar la discreción pertinente en un asunto de tal delicadeza debo limitarme a decir que todo se encuentra muy avanzado y el teniente Byrne ya ha solicitado el alta médica.

Otro periodista interviene como el rayo.

-Teniente Byrne, ¿cómo pueden estar tranquilos los ciudadanos cuando disparan a la policía con total impunidad? Y lo que es más, ¿cómo va a afrontar su vuelta a las calles teniendo en cuenta que no necesitó ni un minuto en ellas para recibir un disparo?

Veo que el teniente Byrne desvía la mirada al fondo de la estancia por un momento antes de responder, y es entonces cuando se cruzan nuestras miradas, llamadlo intuición femenina pero sea lo que sea que vaya a decir no será algo que diga por placer. En comparación con el alcalde y desde la cama, el nuevo miembro de la policía de Baff City parece enano pero su torso y rostro, anchos y  ya curtidos descubren la ilusión óptica

-Verá, cuando aceptamos ser policías sabemos en lo que nos estamos metiendo, nosotros somos soldados en una guerra, una guerra contra el crimen, y como todos los soldados, recibimos disparos, y cada bala que recibimos es una bala que un ciudadano no recibe, porque ELLOS, los criminales no pueden estar tranquilos cuando la policía hace su trabajo, y por eso hace lo que hace, por eso nos dispara, y si tanto nos temen como para intentar hacer que no lleguemos ni a empezar el trabajo, es que algo estamos haciendo bien. Cuando cojamos a este asesino de poca monta veremos si realmente disparó con impunidad. Y respecto a la segunda pregunta, afrontaré mi regreso como un policía, ni más ni menos.

El murmullo que sigue parece de aceptación. Solo una nueva voz parece estar en discordia.

-Teniente Byrne, ¿cree que ha podido producirse una filtración de su llegada desde el propio cuerpo u algún otro organismo?

-Eso son difamaciones, caballero- es el señor Thomsen quien responde- lo que importa es que aquí tenemos a un gran policía que estoy seguro, dará mucha guerra durante los días venideros, y ese, damas y caballeros es el verdadero titular. Pero por el momento dejemos a este soldado de la justicia descansar, ¿le parece bien Shawn?

-Un placer señor- el teniente esboza una sonrisa mientras el alcalde estrecha efusivamente su mano.

-Muy bien, dicho esto ahora la señorita Black nos indicará el siguiente destino. ¿Señorita Black?

A escena, ya queda menos.

Unas horas después me siento casi desplomándome en la espaciosa limusina del alcalde, se trata de uno de los modernos coches que la corporación utiliza como vehículos oficiales de sus dirigentes, un motor eléctrico pone en marcha un poderoso sistema de energía cinética que permite desplazarnos a mayor velocidad que en un gasolina, en las frenadas el sistema de energía recarga el motor, impidiendo que este se quede sin energía. El alcalde entra minutos después de despedir a la prensa, las lunas son tintadas y el cristal que aisla a los pasajeros del conductor está subido.

-Señor Thomsen mi más sincera enhorabuena, ha estado usted...

-Adele, no por favor, no hace falta que me hagas la pelota, tu padre es mi médico personal y me ha salvado de más de un aprieto, la seguridad de tu puesto está más allá de esas formalidades.

No se si esa idea me termina de gustar, tampoco ese repentino tuteo pero impone demasiado como para recriminárselo.

-Verá señor Thomsen cuando el teniente Byrne estaba declarando parecía forzado e incrédulo de sus propias palabras. ¿Creé usted que oculta algo?

La risa del gigante irlandés es profunda y cálida.
-Adele, con la prensa de por medio, ¿quién no está forzado?- dice mientras pasa una amplia mano por mi rostro en un gesto dudosamente cariñoso. -Aún eres muy joven.

Un escalofrío me recorre mientras la caricia de Thomsen termina en mis hombros dando al momento un falso tono paternal.

-Si señor, aún es mi primer día.
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