Quirófano principal
del People's Hospital. 10:00
En la
zona central del People's se encuentra el quirófano
principal, una sala elíptica diseñada para mostrar al mundo los
avances médicos de la Corporación. Un veterano de las fuerzas
aéreas cuarentón está sentado en la mesa de operaciones. Según se
le ha presentado, fue derribado en su helicóptero en las montañas
afganas, en la colisión perdió el ojo y la mano derecha. Perdió
gran parte de la sensibilidad en la cara y sufrió roturas musculares
en ambas piernas. A su regreso fue condecorado con un Corazón
Púrpura y relegado a un puesto de asesor.
En la
zona alta de la sala está habilitado un pequeño palco, donde nos
encontramos. Patrick se ha encargado de presentar el evento, yo como
su fiel escudera estoy a su lado organizando a los invitados y
dispuesta para cualquier necesidad del alcalde. Para la ocasión
tenemos a una selección de los medios más prestigiosos y algunos de
las mayores eminencias del panorama científico. Me hubiera gustado
tener a papá aquí, ni siquiera quiso darme el motivo de su
ausencia, pero en su lugar siempre tendré desconocidos.
Para
la operación tenemos a un cirujano alemán, el doctor Marcel Lens,
un tipo diminuto en altura, pero con una gordura preocupante, lo cual
es bastante curioso en un cirujano. Hace media hora larga que la
operación empezó y la incertidumbre crece con cada minuto. La
intervención, según nos han contado consiste en aplicar un implante
ocular que por primera vez equilibrará la visión del individuo sin
necesidad de ser reemplazado, siendo mantenido a base de implantes
periódicos de nanobots programados para restaurar batería y daños,
en cada inyección se procede a la retirada de los anteriores,
mediante un procedimiento similar y así sucesivamente. En el muñón
se coloca un revestimiento que conecta con el tejido nervioso vivo en
el brazo, sobre este se acopla una mano protésica que recibe el
impulso recogido por el revestimiento y permitiendo al paciente
recuperar el ochenta por ciento de la movilidad. La mano es
desmontable y fácilmente cargable cuando se agote la batería.
Finalmente en las piernas se colocaran implantes flexibles para que
el paciente pueda caminar con mayor capacidad.
El
proceso dura largas horas, pero es una operación poco sangrienta, el
instrumental de la Corporación es vital para esto. Durante su
desarrollo los invitados intercambian notas y palabras de admiración.
Patrick sigue sonriente, y con cada palabra de los demás, amplia su
sonrisa.
14 horas después.
La
intervención hace media hora que terminó, los invitados han
abandonado el hospital encantados y el objetivo de Thomsen está
cumplido: la Corporación que construyó una megápolis en dos años
vuelve a sacar músculo devolviendo a un héroe de guerra la vista y
la movilidad. Pero aún no he terminado aquí, Patrick me ha citado
en el quirófano, así que descansos aparte, hoy no voy a tener
respiro.
Frente
a la puerta del quirófano los pensamientos se agolpan en mi cabeza,
contengo la respiración por miedo a que traten de salir por mi boca.
Inspiro una vez más antes de empujar con suavidad la puerta. La sala
está solitaria, pero en la mesa de operaciones continua, para mi
sorpresa el cuerpo del héroe anónimo, que pasará a la historia por
sus penas. Avanzo hasta él, su cabeza es un amasijo de vendas que
deja entrever el objetivo de su implante, dormido en un rojo apagado,
el resto de su cuerpo está tapado y el único movimiento que se ve
es la suave subida y bajada de su abdomen al respirar.
La
puerta se vuelve a abrir y aparece él, lleva su traje con la corbata
deshecha y la chaqueta desabrochada, es como si hubiese salido de una
fiesta. Tras más de catorce horas de actividad las muestras de su
cansancio empiezan a aparecer en su rostro. El gigante irlandés
comienza caminar hacia la mesa, solo hay tranquilidad en su
semblante. Se detiene justo a mi espalda, noto su respiración en mi
nuca a pesar de los casi veinte centímetros que separan nuestras dos
cabezas. Tras unos segundos continua caminado, da la vuelta a la mesa
y tras una mirada paternal hacia el paciente anestesiado, desvía sus
ojos hacia mi y apenas soy capaz de sostenerle la mirada
-Adele,
tu padre y yo hemos compartido muy buenos momentos juntos. Nos hemos
visto desde que eras una niña, pero solo he podido conocerte en poco
más de un mes. Solo deseo compartir momentos aún mejores de los que
compartí con tu padre.
-Señ...Patrick,
¿qué me quieres decir con esto?
-Como
te he dicho, ya eres una mujer, tienes una carrera por Yale y a estas
alturas sabrás que lugares como este no se montan sin trapos sucios-
un escalofrío recorre mi espalda, es el enésimo que este hombre me
provoca- lo que quiero decir con esto es que no todo tu trabajo es
manejar eventitos, hay otro lado pero conocerlo requiere confianza y
compromiso. En resumen, quiero que des un paso más, un paso que
cambiará tu vida, no puedes darlo de un único tirón, y me lo
agradecerás en su momento. Así que, pequeña Adele... ¿Vas dar el
paso?
Es de
agradecer que me esté hablando como si tuviera elección.
-Si
Patrick, estaré a la altura, pero no se si este es el mejor lugar
para hablar de esto...
Me
responde con una sonrisa de soberbia y continua hablando.
-¿Recuerdas
el accidente de mis directivos? Bueno pues no se si te sorprenderá
saber que fueron asesinatos y ataques directos y premeditados.
Parecía
evidente por lo casual de los "accidentes" aún así no
dejo de tensarme.
-¿Quién
puede estar detrás de esto?- es escuchar mi voz y comprender lo
estúpido de mi pregunta.
-Cada
cosa a su tiempo, si buscas a un culpable directo, tan solo mira a la
mesa.
Con
incredulidad observo a ese amasijo de vendas que oculta a un héroe
de guerra. Siento la mirada de Patrick clavada en mí, y contengo la
respiración, porque si no lo hiciera vomitaría, y no solo
pensamientos.
