Diario de personal de Adele Black,
secretaria del alcalde Patrick Thomsen. 14 de abril de 2022.
Ha pasado casi un mes
desde que empecé a trabajar con el alcalde. Estoy destrozada, ya no
solo porque sea un trabajo que ocupe casi todo el día, es... Ese
tono de la gente: todo son números, artimañas y falsas sonrisas, es
tan deshumanizante que a veces pierdo la capacidad de emocionarme, de
tener sentimientos, tengo que ser correcta pase lo que pase. He
dejado de ser Adele para convertirme en la señorita Black,
excepto...
Excepto cuando estoy con
él, Patrick, como quiere que le llame. Cuando estamos solos quiere
construir una burbuja de informalidad, bien pequeña para que estemos
lo más pegados posible, pero tan inestable como todas, basta con una
reunión o un acto oficial para destruirla, pero él la vuelve a
construir, cada vez más y más pequeña.
Hasta el momento solo he
tenido ocasión de gestionar actos destinados a dar imagen de marca,
es decir, a vender al alcalde al mundo, atender llamadas y estar allí
donde se necesitaba que la cabeza del ayuntamiento hiciera acto de
presencia, como digna licenciada en una de las mejores universidades
del mundo. Las cosas que realmente mueven Baff City aún quedan fuera
de mi alcance, pero no se me escapan los detalles: una contabilidad
muy descuadrada, y la manera de actuar de Patrick, por mucho que
quiera mostrarse como el "sonriente Pat", sigue siendo uno
de los hombres más poderosos del mundo, y eso no se consigue a base
de sonrisas. Cada día me viene el recuerdo de su mano pasando por mi
rostro, parsimoniosamente, descendiendo por el cuello, con menos
celeridad aún y pasando a mi hombro tras un roce con mi pelo. Cada
día recuerdo ese "aún eres muy joven", catapultado con
una voz profunda y un aliento mentolado, y siento miedo, no por él,
siento miedo de lo que el tiempo pueda traer consigo, no se qué
quiere Patrick de mi, no sé cuánto puede estrecharse esta burbuja.
Ayer llamé a mi padre,
sigue muy de cerca la vida de Thomsen dado que es su médico
personal, pero suele delegar en los avanzados servicios médicos de
la ciudad para pasarse la vida recorriendo el mundo, dando
conferencias y encargándose de otros pacientes; basta una llamada de
Patrick para tenerlo aquí. No le conté mis miedos, mejor dicho, no
le conté nada, tan solo me estuvo dando consejos aún más
desmotivadores y recordándome lo mucho que le debía "al señor
Thomsen" por haberme dado este empleo.
Sin embargo en los
últimos días han pasado demasiadas cosas para centrarnos en las
llamadas familiares. Hace tres días nos llegaron informaciones
acerca de algunos de horribles accidentes que involucraban los
principales jerarcas de la facción Thomsen, habían matado a tres de
ellos y otros dos estaban debatiéndose entre la vida y la muerte.
No tengo muchos más detalles, pero hasta el momento hay mucha
entrada y salida de representantes de todos los rincones de la ciudad
y se está procediendo a una política de opacidad respecto al
asunto, por el bien de la credibilidad de la corporación. Así que
estos días la imagen del "sonriente Pat" debe seguir
vendiéndose, mañana sin ir más lejos toca presentar al mundo una
nueva línea de productos de alta tecnología relacionada con los
implantes biónicos.
Por un momento pienso en
el día del hospital, pero esta vez no recuerdo lo que vino tras las
entrevistas, pienso en el teniente Byrne, en esa cara que veía su
juventud alejarse, llena de ojeras y aún más desmejorada por los
medicamentos. Pienso en su cuerpo, y en todas las heridas que lo han
curtido, y pienso que él llegó practicamente al mismo tiempo que yo
a esta ciudad, pero hay una diferencia: no voy a permitir que un
mafioso me postre en una cama de hospital.
Continuará
Continuará

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