lunes, 13 de mayo de 2013

Nº12 Fuera de servicio (2º parte)

Cuando un grupo SWAT derriba una puerta se escuchan gritos, la palabra "policía" y algún que otro disparo; pero hoy, cuando la puerta ha cedido no se ha escuchado nada, no había nadie para recibirnos, ni siquiera se ha escuchado movimiento alguno tras las delgadas paredes, tan solo una intensa luz, contrastada por la oscuridad del rellano. El piso es poco más que un saloncito con un par de sillones y un televisor, al fondo una mugrienta cocina americana y a su derecha una puerta, en el otro extremo otra puerta completa el piso; sospecho que tras las puertas hay un servicio y un dormitorio, pienso en los esbirros durmiendo en una cama de matrimonio y sonrío, por suerte el pasamontañas oculta mis gilipolleces.

Un pañuelito blanco asoma por la cocina, zarandeándose aparatosamente, Blunt corre a la cocina, y bruscamente saca a un matón grande como un maldito orangután, a pesar de eso parece que está más dispuesto a mearse en los pantalones que a proteger su vida.

-De rodillas, eso es despacito y buena letra, apuesto a que no estabas sacando galletitas de ese horno, vamos a ver qué clase de vajilla guardáis en esa... lo que sea- Blunt hoy es el veterano, a pesar de todos mis años en el cuerpo nunca había aprovechado así mi tiempo libre, delatar que somos policías nos podría meter en un buen lío, así que de momento, prefiero hacer de niñera.

-No, no, no, no, no... No vuelvas, no vuelvas, no vuelvas, no, no, no...- el gigante balbucea, no sé qué ha pasado aquí, pero desde luego no ha sido bueno, me doy cuenta de que hay sangre seca en el suelo, por su disposición han arrastrado cuerpos y no han pasado muy bien la fregona, miro las paredes en busca de agujeros de bala, ni uno, tampoco veo casquillos por ninguna parte, el que haya hecho esto los pilló por sorpresa. Creo que vamos a tener que charlar.

-¡Eh! ¿De quién hablas?

El gorila levanta la cabeza, tiene la nariz rota y la mirada perdida, si sacamos algo en limpio de él, será un auténtico milagro.

-¡TE HABLO A TI! ¿QUÉ TE PASA? ¿ERES RETRASADO?- ante los gritos se tapa las orejas sollozando, culpa mía, gritarle a un tipo en estado de shock desde luego pone en duda mis muchos galones, pero hoy no soy policía, que quede muy claro.

Un disparo estruendoso atraviesa el salón desde la cocina, Blunt apunta desde la cocina con un arma diferente a la que hemos traído, me preparo para apuntarle y disparar antes de que sea demasiado tarde, no entiendo nada, hasta que a mis espaldas alguien grita desde el suelo.

El disparo le ha dado en el pecho, justo en el corazón, desde luego Blunt sabe disparar, pero por lo cerca que me ha pasado la bala no me apetecen más demostraciones. Miro en el cadáver, la ropa es algo más cara así que este debe mandar más que el gorila, registros los bolsillos de su americana, los guantes me permiten buscar tranquilamente, y...¡Premio! Nada más y nada menos que una placa de la poli y, en su mano una reglamentaria, Blunt viene hacia mi con esa nueva pistola y le enseño mi botín, por su parte lleva en la otra mano un maletín.

-¿Reconoces esta pistola?- es una mágnum del 44, a estas alturas de siglo no hay muchos que la usen, y cuando te pegan un tiro con un arma tan singular, sueles recordarla. Le enseño a Blunt mi botín particular...

-Bien, tenemos a un poli muerto con su placa y arma incluidas en el piso de una banda, por si fuera poco un arma vinculada a un crimen de primera plana, rastro de que aquí han habido más cadáveres y un maletín lleno de...

-CSZ, lo he mirado cuando he sacado la pistola, si no hay micros aquí, que me parta un rayo, no podemos hacer todas las preguntas, y dado el estado de nuestro amigo restante, tendremos que ser breves-el sargento tiene razón, el CSZ es la nueva gran droga y quien quiera que sea el dueño de esto, está moviendo muchas piezas a la vez, pero la presencia de esa pistola nos implica de modo personal, no sé quién está detrás de mi bienvenida a Baff City, pero sé que para averiguarlo voy a empapelar a media ciudad, cada vez me gusta más la idea. Solo necesitamos una respuesta de ese llorica, miraremos si podemos vincular al muerto con alguien mirando su móvil-hoy en día no es difícil desbloquearlos si te mueves en estos mundos- y a partir de ahí esto habrá sido una discusión por la droga del maletín, la magnum para el gorila, la reglamentaria para su dueño original. Casi hemos terminado.

-¿De quién son las llaves grandullón?

Nos mira extrañado, parece lúcido, no ha parado de llorar desde el disparo.

-De...de...de...del irlandés, son del irlandés- no se por qué será pero me esperaba menos cooperación, teniendo en cuenta las...circunstancias.

Joseph y yo intercambiamos una mirada, él asiente y yo levanto la reglamentaria, que en un momento vuelve a tronar. Una vez interrogué a un psicópata que me contó que la mejor manera de pintar una pared es usando sangre como pintura y trozos de cráneo y seso para el gotelé. Ahora comprendo que no le faltaba razón.

Una hora después...
Ya en casa, hago lo único para lo que tengo fuerzas: dormir. Me encierro en mi mente, los sueños no tardan en aparecer. Aparezco en un gran pasillo, dividido en dos por un alargado estanque en cuyo fondo reposan monedas de oro, la tenue luz da cierto verdor al ambiente. Atravieso la estancia, al abrir la puerta a la siguiente habitación la luz desaparece y se convierte en flashes, la tranquilidad es sustituida por el barullo de una fiesta, se escuchan guitarras y música electrónica, aunque provienen de sitios diferentes. A lo lejos consigo divisar una puerta, solo tengo que caminar en línea recta para alcanzarla. La fiesta me agobia y necesito salir, pero en cuanto empiezo a caminar la gente comienza a aglomerarse entorno a mi, algunos me abrazan, otros intentan bailar conmigo, no conozco a ninguno, pero se comportan como si me conocieran a mi. Necesito salir de aquí.

Consigo atravesar la gran sala y, tras la puerta, encuentro un gran balcón desde el que se ve una fuente exactamente igual a la de la entrada donde todo esto comenzó. Necesito saltar, pero cuando consigo reunir la determinación para hacerlo, una mano aprieta la mía. Al girarme se me estremece el corazón: es ella, aquella de la cual me he alejado por los giros de la vida, la única que realmente importa, mi esposa. Sin embargo, no es la última imagen que tuve de ella; está mucho más joven, lleva un atrevido vestido negro, joyas por cada rincón de su cuerpo y un maquillaje casi vampírico. Me arrastra suavemente hacia el interior de esa fiesta de la que estaba huyendo, de sus rojos labios solo brota un "sígueme".

Guiado por su mano vuelvo a atravesar la fiesta, el desenfreno aflora por doquier, pero esta vez nadie acude en mi búsqueda. No estamos saliendo hacia la entrada, sino que vamos hacia la izquierda, y nos encontramos con unas escaleras. En la parte alta de la fiesta la tónica general no es distinta, seguimos caminando pero nos detenemos frente a un corro de gente, de todas las caras de la fiesta, por fin reconozco a alguien, es una joven de aspecto estupendo, solo la había visto una única vez antes pero su rostro es inconfundible, no es otra que la flamante secretaria del alcalde, lástima que los nombres no sean tan fáciles de recordar como las caras bonitas.

El avance se ha detenido en la secretaría, que me mira con gesto imperturbable, no termino de distinguir emociones en su mirada, que poco a poco torna a un gesto de asqueo justo cuando el avance se reinicia. Sin darme cuenta hemos atravesado otra puerta, en esta nueva habitación vuelve a imperar la calma, el mobiliario tan solo lo forma una cama de matrimonio deshecha, pero que cuando nos tumbamos sobre ella mantiene un olor a limpieza impresionante, a mi espalda está ella, que pasa su mano por mi espalda, llegando al abdomen. Su tacto es suave, cálido y trae la promesa de paz en una mente en guerra. Aprieto su mano, pasan los segundos, y me giro dispuesto a poseerla, no recuerdo haberme quitado la ropa pero únicamente la colcha tapa nuestra desnudez, su dulce olor emana de su melena, ondulada y de un intenso castaño rojizo, sus inmensos ojos marrones parecen a punto de tragarme...

De pronto todo cambia, estoy de nuevo vestido y es el día de mi partida, desde el porche me invita a acercarme, pero niego con la cabeza. No hay tiempo para su respuesta. El despertador suena, y hoy si, vuelvo a ser un poli y la celda de mi mente da paso a la celda de la implacable Baff City.

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