Cuando un grupo SWAT
derriba una puerta se escuchan gritos, la palabra "policía"
y algún que otro disparo; pero hoy, cuando la puerta ha cedido no se
ha escuchado nada, no había nadie para recibirnos, ni siquiera se ha
escuchado movimiento alguno tras las delgadas paredes, tan solo una
intensa luz, contrastada por la oscuridad del rellano. El piso es
poco más que un saloncito con un par de sillones y un televisor, al
fondo una mugrienta cocina americana y a su derecha una puerta, en el
otro extremo otra puerta completa el piso; sospecho que tras las
puertas hay un servicio y un dormitorio, pienso en los esbirros
durmiendo en una cama de matrimonio y sonrío, por suerte el
pasamontañas oculta mis gilipolleces.
Un pañuelito blanco
asoma por la cocina, zarandeándose aparatosamente, Blunt corre a la
cocina, y bruscamente saca a un matón grande como un maldito
orangután, a pesar de eso parece que está más dispuesto a mearse
en los pantalones que a proteger su vida.
-De rodillas, eso es
despacito y buena letra, apuesto a que no estabas sacando galletitas
de ese horno, vamos a ver qué clase de vajilla guardáis en esa...
lo que sea- Blunt hoy es el veterano, a pesar de todos mis años en
el cuerpo nunca había aprovechado así mi tiempo libre, delatar que
somos policías nos podría meter en un buen lío, así que de
momento, prefiero hacer de niñera.
-No, no, no, no, no... No
vuelvas, no vuelvas, no vuelvas, no, no, no...- el gigante balbucea,
no sé qué ha pasado aquí, pero desde luego no ha sido bueno, me
doy cuenta de que hay sangre seca en el suelo, por su disposición
han arrastrado cuerpos y no han pasado muy bien la fregona, miro las
paredes en busca de agujeros de bala, ni uno, tampoco veo casquillos
por ninguna parte, el que haya hecho esto los pilló por sorpresa.
Creo que vamos a tener que charlar.
-¡Eh! ¿De quién
hablas?
El gorila levanta la
cabeza, tiene la nariz rota y la mirada perdida, si sacamos algo en
limpio de él, será un auténtico milagro.
-¡TE HABLO A TI! ¿QUÉ
TE PASA? ¿ERES RETRASADO?- ante los gritos se tapa las orejas
sollozando, culpa mía, gritarle a un tipo en estado de shock desde
luego pone en duda mis muchos galones, pero hoy no soy policía, que
quede muy claro.
Un disparo estruendoso
atraviesa el salón desde la cocina, Blunt apunta desde la cocina con
un arma diferente a la que hemos traído, me preparo para apuntarle y
disparar antes de que sea demasiado tarde, no entiendo nada, hasta
que a mis espaldas alguien grita desde el suelo.
El disparo le ha dado en
el pecho, justo en el corazón, desde luego Blunt sabe disparar, pero
por lo cerca que me ha pasado la bala no me apetecen más
demostraciones. Miro en el cadáver, la ropa es algo más cara así
que este debe mandar más que el gorila, registros los bolsillos de
su americana, los guantes me permiten buscar tranquilamente,
y...¡Premio! Nada más y nada menos que una placa de la poli y, en
su mano una reglamentaria, Blunt viene hacia mi con esa nueva pistola
y le enseño mi botín, por su parte lleva en la otra mano un
maletín.
-¿Reconoces esta
pistola?- es una mágnum del 44, a estas alturas de siglo no hay
muchos que la usen, y cuando te pegan un tiro con un arma tan
singular, sueles recordarla. Le enseño a Blunt mi botín
particular...
-Bien, tenemos a un poli
muerto con su placa y arma incluidas en el piso de una banda, por si
fuera poco un arma vinculada a un crimen de primera plana, rastro de
que aquí han habido más cadáveres y un maletín lleno de...
-CSZ, lo he mirado cuando
he sacado la pistola, si no hay micros aquí, que me parta un rayo,
no podemos hacer todas las preguntas, y dado el estado de nuestro
amigo restante, tendremos que ser breves-el sargento tiene razón, el
CSZ es la nueva gran droga y quien quiera que sea el dueño de esto,
está moviendo muchas piezas a la vez, pero la presencia de esa
pistola nos implica de modo personal, no sé quién está detrás de
mi bienvenida a Baff City, pero sé que para averiguarlo voy a
empapelar a media ciudad, cada vez me gusta más la idea. Solo
necesitamos una respuesta de ese llorica, miraremos si podemos
vincular al muerto con alguien mirando su móvil-hoy en día no es
difícil desbloquearlos si te mueves en estos mundos- y a partir de
ahí esto habrá sido una discusión por la droga del maletín, la
magnum para el gorila, la reglamentaria para su dueño original. Casi
hemos terminado.
-¿De quién son las
llaves grandullón?
Nos mira extrañado,
parece lúcido, no ha parado de llorar desde el disparo.
-De...de...de...del
irlandés, son del irlandés- no se por qué será pero me esperaba
menos cooperación, teniendo en cuenta las...circunstancias.
Joseph y yo
intercambiamos una mirada, él asiente y yo levanto la reglamentaria,
que en un momento vuelve a tronar. Una vez interrogué a un psicópata
que me contó que la mejor manera de pintar una pared es usando
sangre como pintura y trozos de cráneo y seso para el gotelé. Ahora
comprendo que no le faltaba razón.
Una hora después...
Ya en casa, hago lo único
para lo que tengo fuerzas: dormir. Me encierro en mi mente, los sueños
no tardan en aparecer. Aparezco en un gran pasillo, dividido en dos
por un alargado estanque en cuyo fondo reposan monedas de oro, la
tenue luz da cierto verdor al ambiente. Atravieso la estancia, al
abrir la puerta a la siguiente habitación la luz desaparece y se
convierte en flashes, la tranquilidad es sustituida por el barullo de
una fiesta, se escuchan guitarras y música electrónica, aunque
provienen de sitios diferentes. A lo lejos consigo divisar una
puerta, solo tengo que caminar en línea recta para alcanzarla. La
fiesta me agobia y necesito salir, pero en cuanto empiezo a caminar
la gente comienza a aglomerarse entorno a mi, algunos me abrazan,
otros intentan bailar conmigo, no conozco a ninguno, pero se
comportan como si me conocieran a mi. Necesito salir de aquí.
Consigo atravesar la gran
sala y, tras la puerta, encuentro un gran balcón desde el que se ve
una fuente exactamente igual a la de la entrada donde todo esto
comenzó. Necesito saltar, pero cuando consigo reunir la
determinación para hacerlo, una mano aprieta la mía. Al girarme se
me estremece el corazón: es ella, aquella de la cual me he alejado
por los giros de la vida, la única que realmente importa, mi esposa.
Sin embargo, no es la última imagen que tuve de ella; está mucho
más joven, lleva un atrevido vestido negro, joyas por cada rincón
de su cuerpo y un maquillaje casi vampírico. Me arrastra suavemente
hacia el interior de esa fiesta de la que estaba huyendo, de sus
rojos labios solo brota un "sígueme".
Guiado por su mano vuelvo
a atravesar la fiesta, el desenfreno aflora por doquier, pero esta
vez nadie acude en mi búsqueda. No estamos saliendo hacia la
entrada, sino que vamos hacia la izquierda, y nos encontramos con
unas escaleras. En la parte alta de la fiesta la tónica general no
es distinta, seguimos caminando pero nos detenemos frente a un corro
de gente, de todas las caras de la fiesta, por fin reconozco a
alguien, es una joven de aspecto estupendo, solo la había visto una
única vez antes pero su rostro es inconfundible, no es otra que la
flamante secretaria del alcalde, lástima que los nombres no sean
tan fáciles de recordar como las caras bonitas.
El avance se ha detenido
en la secretaría, que me mira con gesto imperturbable, no termino de
distinguir emociones en su mirada, que poco a poco torna a un gesto
de asqueo justo cuando el avance se reinicia. Sin darme cuenta hemos
atravesado otra puerta, en esta nueva habitación vuelve a imperar la
calma, el mobiliario tan solo lo forma una cama de matrimonio
deshecha, pero que cuando nos tumbamos sobre ella mantiene un olor a
limpieza impresionante, a mi espalda está ella, que pasa su mano por
mi espalda, llegando al abdomen. Su tacto es suave, cálido y trae la
promesa de paz en una mente en guerra. Aprieto su mano, pasan los
segundos, y me giro dispuesto a poseerla, no recuerdo haberme quitado
la ropa pero únicamente la colcha tapa nuestra desnudez, su dulce
olor emana de su melena, ondulada y de un intenso castaño rojizo,
sus inmensos ojos marrones parecen a punto de tragarme...
De pronto todo cambia,
estoy de nuevo vestido y es el día de mi partida, desde el porche me
invita a acercarme, pero niego con la cabeza. No hay tiempo para su
respuesta. El despertador suena, y hoy si, vuelvo a ser un poli y la
celda de mi mente da paso a la celda de la implacable Baff City.

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