lunes, 25 de marzo de 2013

Nº5 De vuelta a la realidad


Otra vez en casa, es extraño pero incluso en una ciudad como esta, sucia, corrupta, un trabajador puede llegar a casa y sentirse a salvo. ¿Yo? bueno, no soy un trabajador cualquiera.

17 A.M. Central District, Isla Minamoto.

Esta noche toca japonés... o eso parece. Siete familias, siete corporaciones pugnan por las calles, de una manera que poco tiene que ver con la burocracia, una lucha velada que se desata cuando cae el sol. Asesinato, extorsión, a golpe de gatillo zanjan negocios aquellos que por el día vestidos de traje, dicen ser los ángeles de la guarda de este agujero. Las grandes familias... los Thomsen, los Petrov, los Minamoto. Todos se dan la mano mientras las cámaras graban.

Y entonces es cuando entro yo.

Me dirijo al punto de entrega, un taquilla de cine, le enseño la tarjeta y me da el paquete, cinco mil en efectivo y una foto, si hay algo que me gusta de trabajar con los japoneses es que siempre pagan por adelantado. Saco la foto mientras sigo andando. Vitaly Dzugalsky. Un don nadie que dirige una banda de ucranianos, no debería plantear un gran problema.

19 A.M. Perestroika District, Isla Petrov.

Llego a la fabrica donde tienen el tinglado. Justo en frente hay otra idéntica, abandonada. Allí he preparado el rifle. subo, llego a la ventana, monto el silenciador y observo por la mirilla. Exactamente donde lo quiero, en el despacho de la primera planta, pero algo va mal, no está solo. Tiene a dos matones en frente y no parecen contentos, de repente uno de ellos saca una pistola y le pega dos tiros en el pecho y uno en la cabeza a mi objetivo.

Las cosas acaban de torcerse y ni siquiera soy capaz de adivinar hasta que punto.

jueves, 21 de marzo de 2013

Nº4 Que en la vida todo es sueño

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.


Pedro Calderón de la Barca.

En casa de nuevo. El barrio como siempre, lleno de vida, niños jugando despreocupados, alguno que otro huyendo de las riñas de sus madres... Y yo en casa, hace tan solo unos segundos parecía que gritaban mi nombre, que querían avisarme de algo a tiros, que me arrancaban las raíces de mi vida.

Mi mujer espera en el porche, inerte expresión en su mirada, esos ojos petrificadores ya no son para mi, nunca lo volverán a ser, y no la culpo. El chico juega con sus juguetes en el césped, es demasiado pequeño para comprender nada, le basta con una sonrisa para terminar con cualquier tema, solo tiene cinco años.

Ella viene a despedirme, él se refugia tras su figura.

-Buena suerte teniente Byrne- intenta ocultar su desánimo, el tiempo curará mi recuerdo; mi mano acaricia su suave rostro, su tersa piel, casi etérea, casi inmortal, y una lágrima se desliza hasta alojarse en mi mano, un último regalo- vuelve, y hazlo vivo, te amo Shawn.

No hay palabra que responder, ninguna sería digna, mis labios se aproximan y se funden con los suyos, mil sabores impregnan mis labios, una sensación de invulnerabilidad baja por mi garganta y mi corazón explota. No hay más lágrimas suyas, ella es un diamante y no hay nada tan duro como un diamante, es lo que le toca ser,  hasta que el tiempo pase.

El pequeño llora, no puede contener las lágrimas:

-¿Irás a por los malos? ¡No vayas a por los malos!

-Hijo mío, si lloras, los malos habrán ganado- alentadoras palabras para un niño, me consuela saber que aún le queda mucho para que se de cuenta de que hay muchas clases de malos y yo puedo llegar a ser de los peores, a veces debo serlo.

Mis brazos rodean al pequeño, que lo suelta todo, y lo alzo para unir a su madre al abrazo y fundirnos los tres para siempre y nunca más, mis ojos se cierran, que mis demás sentidos hagan el resto.

Abro los ojos. Sólo un sueño, de nuevo en casa, de nuevo en Baff City. La habitación del hospital está desierta, se nota que eligieron la más discreta, apenas una ventana que no parece dar a ninguna calle importante, una escasa superficie y los colores más sobrios posibles. Electrodos por todo mi cuerpo, una ardiente cicatriz en forma de bala en el pecho y el armónico pitido de mis pulsaciones que son eclipsados por el sonido de la puerta al abrirse.

-¡Buenos días señor! Sargento Joseph Blunt, bienvenido a Baff City.

-Chico, el último que me dijo eso me pegó un tiro, creo que tienes otras cosas más interesantes que contarme.

Es solo un crío, me jugaría lo que fuera a que no llega a los veinticinco...¿Y ya es sargento? No sé si será un maldito genio o es que rellenaron el escalafón con los niños que tenían a mano.

-Verá señor, el que le disparó no dejó huella y no tenemos ningún testimonio fiable, por el calibre de la bala y la impunidad con la que efectuó el disparo es obvio que esto se trataba de un aviso, es todo lo que tenemos, pero con todo el respeto, no me explico cómo ha conseguido un enemigo tan... ¿Directo? Sin llegar si quiera a pisar la ciudad.

-¿Cómo vamos de mafias?

El chico dibuja una extraña expresión en su rostro, como si le hubiera pedido la solución de una ecuación imposible.

-¿Quiere que le sea sincero?

El silencio y mi expresión responden la pregunta. Intento recordar al asesino, tal vez llevaba gabardina, ¡joder! tan solo el sueño aparece en mi cabeza, es una manera de mantenerlos conmigo, pero ahora no, por favor... El chico no aparta su mirada.

-Sería lo ideal, sargento Blunt.

-Pues entonces pida el alta cuanto antes, le daré un paseo.

sábado, 9 de marzo de 2013

Nº3 Recapitulando...

Diario de personal de Adele Black, secretaria del alcalde Patrick Thomsen. 17 de marzo de 2022.

Si alguien escribe alguna vez mi biografía, creo que estas líneas serán una introducción perfecta... Pero antes de nada contextualicemos:

La humanidad ha estado haciendo apuestas sobre la fecha concreta de su propio fin desde que salió del barro para erguirse, luchando día tras día por evolucionar. Han pasado casi diez años desde la última de estas apuestas y no solo hemos sido incapaces de averiguar cuando llegará nuestro fin sino que además nos tiembla el pulso a la hora de aventurarnos en lo que será el futuro.

La crisis crisis económica iniciada en 2008 alcanzó su mayor desarrollo en los años 2013 y 2014, para entonces se había creado una gigantesca burbuja donde los que tenían el poder y la responsabilidad de sacar adelante a la especie decidieron sacar beneficios de sus desgracias. Por aquel entonces, la situación económica, social y medioambiental no permitían la existencia de esta burbuja a largo plazo: millones de personas descontentas, desempleadas o arruinadas llenaban día tras día las calles, haciendo temblar más y más a los que sí que tenían algo que perder. A finales de 2014, el diminuto gasto público de los diferentes gobiernos, dificultaba la supervivencia de la clase media, retrasó avances que se demostraron demasiado caros para una población que tenía que centrar sus esfuerzos en conseguir empleo y comida. El capitalismo se hallaba al borde del precipicio, la revolución era inminente...

Pero entonces los gobiernos encontraron un aliado: las grandes corporaciones. Bajaron los impuestos sobre estas hasta límites insospechados, se concedieron libertades y reformas que les permitieron ofrecer todos los puestos de trabajo mal pagados que uno pudiera imaginar. Las corporaciones se enriquecían, los gobiernos se prostituían, en cuanto a la gente de a pie: sufrieron la manipulación de los medios de comunicación y terminaron por creerse que el trabajo que tenían, por muy mal pagado que estuviese, era suficiente bendición.

En tan sólo dos años, las grandes empresas estaban a punto de hacerse, literalmente, con la propiedad de los países: la policía y el ejército fueron progresivamente eclipsados por cuerpos de defensa privados, las empresas públicas, hospitales y bomberos pasaron a ser manos de las empresas... El mundo se encontraba de nuevo envuelto en una gran burbuja que al igual que todas las demás, terminó explotando.

Cinco meses bastaron, cinco sangrientos meses para que se dieran cuenta de que las personas eran manipulables hasta cierto punto, y el negocio del país-empresa salía poco rentable. Las corporaciones recularon, y de nuevo financiados con el esfuerzo y el sacrificio de una más que empobrecida población los gobiernos y sus instituciones volvieron a ser de dominio público. Mientras tanto, a muchos responsables de la privatización del Estado se les exigieron responsabilidades.

Los supervivientes de la caza de empresarios se unieron en una gran empresa internacional: la Baff Corporation, esta empresa reunía los mayores planes y patentes de desarrollo tecnológico del mundo y poseía un capital de valor incalculable. Sin embargo reunía un gran excedente de todos los planes de privatización de los gobiernos, y lo aprovecharon realmente bien.

A mediados de 2017 Baff Corporation pacta con el gobierno estadounidense para la construcción de una megalópolis a ciento cincuenta kilómetros de su costa Este, esta ciudad quedaría suscrita a un régimen especial por el que poseería administración propia, quedando unida al país norteamericano únicamente por impuestos que le debería a su gobierno. La policía y el ejército a pesar de ser privados podrían recibir traslados y reclutas de los demás cuerpos de Estados Unidos. Nacería así una ciudad prácticamente independiente respaldada por un país de gran poder y unida a esta por ferris y grandes vías de tren y autopistas que pasarían tanto por encima como por debajo del océano. El proyecto, financiado entre Baff Corporation y el gobierno estadounidense, era posible debido al gran capital y disponibilidad tecnológica de la primera y el aporte humano del segundo, que facilitó la inmigración de millones de desempleados, a los que se añadirían otros de todos los lugares del mundo.

Así, el proyecto se aceleró, y en 2020 Baff City ya daba la saludaba orgullosa al mundo: los quince millones de personas que habían contribuido al proyecto de uno u otro modo se convirtieron en los ciudadanos de la ciudad, compuesta por seis grandes islas artificiales dispuestas entorno a una isla central que actuaba como centro administrativo y financiero y unidas entre si por un avanzado sistema de comunicaciones.

Como dirigentes de la ciudad surgieron diversas familias con peso en la organización, entre ellos los Thomsen, que un año después se convirtieron en los dirigentes de la ciudad con la victoria de su líder, Patrick en las primeras elecciones de la historia de la ciudad. Ellos son mi empleadores. A pesar del gran poder de los Thomsen como dirigentes de la ciudad las demás familias se han asentado en las diferentes zonas de la ciudad y su poderosa influencia hace que a pesar de que el ayuntamiento funcione como órgano rector, las demás familias mantienen gran poder en sus respectivas áreas.

Sin embargo el sueño de Baff City tiene una doble cara: de día es una gran ciudad corporativa que genera grandes beneficios económicos que le han permitido sobrevivir, pero de noche sus calles registran una gran tasa de criminalidad, y en la corta vida de esta ciudad ya ha alcanzado cotas altísimas, esto se debe a la rápida superpoblación de la ciudad, agudizada por la inmigración, y el carácter estrictamente corporativo de esta, que ha creado segregación y la atracción de todo tipo de criminales a la ciudad.

Esta es mi ciudad, la llaman Baff City, gente de todo el mundo ronda por aquí. En cuanto a mi, me llamo Adele y acabo de licenciarme en derecho por Yale, mi padre es un médico de fama internacional, lo que por otra parte me ha abierto muchas puertas, entre ellas el trabajo en el que empiezo como secretaría del alcalde.

Todo esto y solo han pasado diez años...

Nº2. Sicario

Dicen que cuando matas a alguien sientes algo, como si dentro de ti hubiera algo mas que carne. Chorradas, no sientes nada, yo no al menos, supongo que por eso soy tan bueno en esto. Otro encargo mas y podré dejarlo por un tiempo. No penséis que me retiro, solo hay dos formas de salir de esto: en una caja de madera o metiendo a tus jefes en una. No es que no me guste mi trabajo ¿que, todavía no habéis adivinado cual es? si, mato a gente por dinero. Llamadme sicario si queréis pero soy mas que eso, soy un artista. Pum Pum irse corriendo y esperar que no te haya reconocido nadie, eso puede hacerlo cualquiera, creedme, lo he visto. No, tengo 29 años y como podéis ver todavía no he acabado en una cuneta a las afueras de la ciudad con tres balas en la cabeza, y me gustaría que siguiese siendo así. La esperanza de vida de un matón cualquiera en Baff City es de 17 años, por eso prefieren llamarme a mi, no se la juegan y creedme, la gente para la que trabajo tiene mucho que perder. Pero basta de hablar de mi, centrémonos.

8 A.M. Piso franco de los Thomsen en Geen District

Llamo a la puerta, 3 veces, como siempre esos putos irlandeses no mueven su grasiento culo hasta que revientas el timbre. Por supuesto estos no son lo Thomsen, cuando controlas media ciudad no pierdes el tiempo con gente como yo.

Me abre la puerta y el irlandés me dedica un "ah eres tu" me pregunto a que están esperando para concederle el premio Nobel. Me pasa el sobre y me dice que que a este no hay que matarlo, solo un aviso para el nuevo inspector de policía. Demasiadas molestias para algo tan pequeño, pero no me pagan por pensar. Salgo por la puerta de atrás y en el mismo callejón abro el sobre, me embolso la primera mitad del pago y saco la foto de la víctima, alto y con el pelo rojizo, no será difícil de distinguir. En el reverso de la foto una nota con mala caligrafía que dice: a las 12:00 en la estación de ferrocarril. Meto la foto en el sobre, saco un mechero de la gabardina y le prendo fuego. Todavía tengo tiempo así que dispongo los preparativos...

12 A.M. Estación de ferrocarril de Baff City

Solo una advertencia... no hay mejor advertencia que el disparo de una Magnum 44., espero, finalmente le veo, le recibo con una sonrisa, presiono tranquilamente el gatillo y le digo: Bienvenido a Baff City.

viernes, 8 de marzo de 2013

Nº1. Policía para Reciclar

¿Qué es lo que hace hombre al hombre? ¿El hambre? ¿La corrupción? ¿La injusticia? ¿Las medallas?

El Sol es el mayor igualador de nuestro mundo, se alza sobre los ricos y sobre los pobres, sobre los vencedores y los vencidos, sobre los puros y los impíos... Y es que precisamente es acerca de puros e impíos sobre lo que trata esta historia...

12:00 a.m.Estación de ferrocarril de Baff City. Llega un tren por el andén 12.

Me llamo Shawn Byrne, aunque se me han llamado de muchas formas: cuervo, esposo, papá y últimamente con más frecuencia, inspector.

Os preguntareis qué hago en este tren. Bueno, hay ciertos lugares donde ser limpio te puede jugar muy malas pasadas, ya que si no te moderas, ni te imaginas la cantidad de gente a la que le puedes llegar a tocar los cojones. La policía es uno de esos lugares, así que ya os estaréis haciendo una idea, mi historial y su falta de resolución les impedía matarme y arrojarme a un río: ¿un héroe de la policía famoso por su exitosa participación en el arresto de defraudadores y corruptos aparece brutalmente asesinado? Demasiado ruido, demasiado papeleo. Dicho esto mejor quitarse de ruidos y rellenar un poco más de papeleo hasta que, por arte de la burocracia, tienes a ese héroe metido en un tren con destino a su nuevo puesto en la ciudad más peligrosa de la nación y allí el ruido no importa, ya hace mucho que se quedaron sordos...

Lo bueno de salir de un retrete para meterte en un vertedero es que te vas acostumbrando al mal olor, y a un vertedero es a donde voy, pues no soy más que papel que reciclar.

¿Mi familia? ¿Mi salud? No hay cabida para ellos en la imponente Baff City, en un vertedero no hay sitio para diamantes.

Pero como hay que quedarse con el lado bueno de las cosas ahí va la otra cara del negocio: ahora si oís mi nombre probablemente lo oiréis con la palabra teniente precediéndolo, y como cualquier otro humano soy un incorregible vicioso, tengo la mayor oportunidad de mi carrera para tocarle los cojones a la legión de criminales que pueblan Baff City...¡Y ni siquiera he cumplido los cuarenta! Creo que al final, acabará gustandome esto.

Toca bajarse del tren, maletas, empujones, prisas... Y a la salida un hombre-gabardina con una amplia sonrisa...

-Buenos días, Teniente Byrne. Bienvenido a Baff City.

...y una pistola en la mano, que disparaba sin alterar lo más mínimo esa sonrisa.

Lo bueno de los disparos es que la gente sabe exactamente qué te pasa para que estés tirado en el suelo luchando por contener la hemorragia, no hacen falta explicaciones...

Por eso nadie te explica que son el mejor aviso que alguien es capaz de dar...
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