23:30 pm, inmediaciones de Green
District en isla Oliveira.
El coche de Blunt avanza silenciosamente por el gran puente que une
isla Thomsen con isla Oliveira. Esta noche no estamos trabajando, así
que nada de placas, nada de coches patrulla y menos aún leyes:
estamos fuera de servicio.
Isla Oliveira, regentada por los brasileños, es la zona más cercana
a isla Thomsen. Al parecer, hace unos días pillaron a un camello en
donde los rusos y una vez en comisaría, cantó a cambio de
protección, una lástima que solo tuvieran balas para él. Sin
embargo, el infeliz destacó la presencia de un piso franco en Green
District, una zona de las zonas residenciales de los obreros de Baff
City y un auténtico nido de avispas para todo aquel que se atreva a
agitarlo.
Desde mi recuperación me he mantenido lo más al margen posible de
mis compañeros policías, pero mi rango me permite acceso fácil y
directo a todas las bases de datos, incluidas las grabaciones de
interrogatorios. Por lo demás Blunt sigue siendo mi informador.
Hay rumores que apuntan a una lenta escisión del cuerpo entre los
policías leales a la verdadera justicia y la gran mayoría de
corruptos del cuerpo. Por el momento no podemos fiarnos de nadie, y
si se reciben órdenes de asaltar el piso, me gustaría ver con mis
propios ojos qué pueden tener para ocultar, y lo más importante,
quién lo quiere ocultar.
Llegamos a nuestro destino, ni un alma, el toque de queda no es
oficial en Baff City, pero el miedo suele hacer precavida a la gente
y si no te interesa lo que la noche te ofrece, mejor quédate
durmiendo. Blunt aparca el coche en un callejón, no tiene problemas
para ocultarlo, el piso queda a un par de manzanas al este, si hay
problemas lo mejor es que no encuentren el coche cerca del piso.
-Bueno teniente, hay ciudades que se reconocen por sus monumentos,
por su cultura o por algún hecho histórico. Baff City se reconoce
por noches como esta, disfrútela porque a partir de ahora
pertenecerá a esta ciudad- Blunt tan irregular en sus formas como
siempre. Abre el maletero y saca dos pares de guantes de cuero,
pasamontañas y un maletín, lo abre y saca las dos pistolas, las
reglamentarias hoy no nos sirven para pasar desapercibidos así que
hoy toca una compañera diferente, me siento como si fuera a echar un
polvo de una noche.
Caminamos hasta el edificio, una sobria estructura, de limpieza
ajustada y sensación de frialdad. Blunt se encarga de forzar la
cerradura. Es un cuarto piso, muy a mi pesar subimos las escaleras,
eso si, pistola en mano.
Llegamos, no encendemos ninguna luz, no sabemos cuanta gente hay
dentro, no estamos trabajando, estamos fuera de servicio.
Toco la puerta con una sonora patada, como en toda buena historia,
cede con facilidad.
Continuará.

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