Y ahora noticias de
actualidad: los atentados que desde el principio del año llevan
sacudiendo zonas de recreo de lujo y centros financieros han sido
vinculados con una organización de ideología comunista conocida
como El Martillo. Sin embargo la identidad de sus miembros permanece
oculta. ¿Cuál será el próximo objetivo de la banda? Seguiremos
informando.
22:30 pm, cocinas del
Vanguardia, con destino a Baff City.
Hoy
se prepara un plato especial en los fogones del Vanguardia, ese viejo
barco que se ha estado encargando estos días de transportar a unos
cuantos "millonetis" de la Costa Este para que puedan
admirar lo que el capital es capaz de crear: ese frío montón de
islas llamado Baff City, así que necesitarán calentarse por el
camino.
La
cena hace rato que se sirvió, pero los muchachos siguen cocinando, y
aún falta el toque del chef, hoy dicen que han traído al mejor, qué
lástima que sea yo. Treinta años en el mundo de la cocina y metido
en estas locuras, supongo que los premios no gratifican tanto como el
mantener tus ideales impolutos.
En la
cámara frigorífica tiembla el jefe de seguridad del barco, blando y
sangrante como un filete poco hecho, ha tenido la diligencia de
desactivar las cámaras y borrar todos los registros, aunque hemos
tenido que exprimir nuestra "labia", para convencerle.
El
barco se aproxima a su destino, donde está prevista una gran traca
de fuegos artificiales a modo de bienvenida. Cinco minutos y todo
empezará, como acto previo el chef debe subir a proa, aplausos y
entonces empezará la traca, nadie sabrá lo que pasa en la popa.
-Señor
Bellamy, es la hora- el sous chef prepara a los míos para el
trabajo, yo subo la escalerilla allí me esperan todos esos rostros,
en algunos la borrachera comienza a asomarse, pero en todos se
aprecia la misma hipocresía. El atronador aplauso apenas dura un
minuto, y entonces empieza la traca.
-¡Fuego!
¡Hay fuego dentro! ¡CORRED!- miro no necesito mirar atrás ni
comprobar quién lo ha descubierto, la gente empieza a agitarse, yo
solo necesito saltar y nadar, a pesar de los kilos de más y del frío
lo conseguiré. Corro, la borda está cerca antes de saltar mis
zapatos desaparecen, y tras el mandil aparece un chaleco salvavidas.
Salto y con el beso del agua olvido todo lo demás, no percibo
explosión alguna, mientras se infla el salvavidas la corriente me
arrastra, hacia arriba y bien lejos. De vuelta en la superficie
recibo otro beso, el del oxígeno mucho más agradable que el agua.
A lo
lejos el barco arde, no tienen botes para huir, sigo nadando, no
tardarán en volar. Mientras tanto, soledad, son diez, veinte,
treinta minutos solo... Y entonces aparece el barco, son los
guardacostas, ¿coincidencia? Respondeos vosotros mismos.
-Bienvenido
a bordo, señor Bellamy, pensábamos que no le encontraríamos-
aparece entonces una esbelta figura femenina, pelo platino y ojos de
acero, mala fama y peor carácter, me gusta pensar que es cosa de
genética. Algunos la llaman la Hoz, yo simplemente la llamo hija.
Los
guardacostas están comprados, la chica se escapará en tierra de las
cámaras con la misma facilidad con la que les compró. Entonces me
entrevistarán, me convertirán en invitado de honor, y yo les
recompensaré con fuego y buena cocina, y como siempre los chicos no
pueden faltar.
-¿Qué
tal habéis dejado la cocina, padre?
-Limpia,
como siempre.
Dos días después.
Y ahora noticias de
actualidad: el incendio del Vanguardia podría haber sido un atentado
terrorista, los equipos de buzos encargados de inspeccionar los
restos del barco han encontrado los restos de los cocineros, en cuyos
carbonizados esqueletos se observan heridas de bala.
Los archivos
rescatados del barco no han aportado nueva información al asunto ya
que según informa el cuerpo de guardacostas tanto las fichas del
personal, como las grabaciones de las cámaras fueron borradas. Todo
apunta a que los miembros de seguridad acabaron con los cocineros,
únicos tripulantes que podían haberles delatado, colocaron los
explosivos y durante los fuegos artificiales escaparon. De los
doscientos pasajeros del Vanguardia tan solo unas decenas han podido
ser salvados, entre ellos el gran chef Al Bellamy, encontrado
milagrosamente por los guardacostas y deseoso de venganza por la
muerte de sus muchachos. Los mandatarios de la ciudad han ofrecido al
galardonado chef alojamiento e imploran que una vez repuesto de esta
experiencia, les deleite con sus platos. Le deseamos lo mejor al
señor Bellamy y a las víctimas, ¿podrá tener este incidente
alguna relación con los comunistas de El Martillo? Seguiremos
informando.

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